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En el I Centenario de la Arqueología española en el

Norte de Marruecos.

César Luis de Montalbán y Mazas (١٨٧٦-١٩٧١),

apuntes biográficos de un pionero de la institucionalización del Patrimonio arqueológico

In the Centenary of the Spanish Archeology in the Northern Morocco.

César Luis de Montalbán y Mazas (١٨٧٦-١٩٧١),

Biographical notes of a pioneer of the

institutionalization of archaeological heritage

Manuel J. Parodi Álvarez

Grupo de Investigación HUM 440, Universidad de Cádiz

Recibido: 01/02/2018

Revisado: 02/06/2019

Resumen

En 2019 se cumple el I Centenario del comienzo de los trabajos arqueológicos sistemáticos en el Norte de Marruecos, en 1919, de la mano de quien sería el primer responsable de la Arqueología de aquella región, César Luis de Montalbán y Mazas. En estos párrafos queremos llevar a cabo una aproximación a los perfiles biográficos de este pionero de la Arqueología marroquí en el contexto de dicho Centenario.

Palabras clave

César Luis de Montalbán y Mazas; Norte de Marruecos; Arqueología; Centenario.

sidiadir@hotmail.com

Aceptado: 10/06/2019

Publicado: 05/07/2019

Abstract

In 2019 we conmemorate the Ist Centenary of the beginning of systematic archaeological work in the North of Morocco; the first person in charge of the Archeology of that region was the Spanish archaeologist César Luis de Montalbán y Mazas. In these paragraphs we shall try to consider the biographical profiles of this pioneer of Morocco’s Archaeology in the context of this Centenary.

Key words

César Luis de Montalbán y Mazas; Northern Morocco; Archaeology; Centenary.

Los estudios biográficos sobre César Montalbán han recibido un notable impulso recientemente de la mano de una doble vía, de una doble fuente: de una parte, desde la perspectiva académica y científica, con el desarrollo de diversos trabajos de investigación que a lo largo de los últimos años se han ocupado (en mayor o menor medida como objeto primero de interés y atención, en mayor o menor medida como contenido colateral o secundario de sus textos) de la obra de Montalbán con especial atención a sus trabajos arqueológicos en el Norte de África (así, por ejemplo, Bernal et alli, 2013; Ghottes, 2008; Ghottes y Parodi, 2011; Gozalbes 2003, 2005, 2005c, 2005e, 2006, 2008, 2008b, 2008c, 2008d, 2012, 2012b; Gozalbes, Parodi y Verdugo, 2013; Parodi 2007, 2008, 2008b, 2009, 2013, 2013b, 2015, 2015b; Parodi et alii, 2013; Parodi y Gozalbes, 2011; Verdugo y Parodi, 2010; Zouak y Parodi, 2011 y 2012; Verdugo et alii, 2011), y de otra parte, gracias a la acción de la propia familia del investigador, custodia del Archivo Montalbán (en adelante “A.M.”, donde corresponda), cuya cabeza visible es doña Mabel de Montalbán, nieta del arqueólogo, que ha impulsado notablemente el estudio de la figura de este pionero de la Arqueología en el Norte de Marruecos facilitando el acceso a la documentación de su Legado Documental a los investigadores interesados y llevando directamente a cabo una nada desdeñable labor de difusión de dichos contenidos documentales y de los trabajos de César Montalbán a través de diferentes medios y mecanismos (entre los que destaca el mundo digital), en especial con vistas a facilitar precisamente a los investigadores el acceso a dicha documentación y el manejo de la misma, de lo cual podemos dar fe en primera persona y por lo cual queremos dejar constancia de nuestro profundo agradecimiento a la familia Montalbán, y especialmente a la citada señora Mabel de Montalbán, por las facilidades prestadas de cara a la redacción de este trabajo.

En cuanto a su perfil biográfico, el primer estudio específico que pueda ser considerado como tal publicado hasta la fecha es el realizado por Francisco José Pérez Escribano1, quien señala que César Luis de Montalbán y Mazas nació en la población segoviana de Sepúlveda el día 1 de diciembre de 1876 (si bien el propio Montalbán declara en algunos documentos haber nacido en la segoviana localidad de Sepúlveda, sí, pero en fecha de 1 de diciembre de 1890)2 (fig. 1), siendo hijo de Casimiro de Montalbán, farmacéutico de la localidad, y de su esposa, doña Julia de Mazas; el matrimonio tuvo ocho hijos, siendo César Luis uno de los más pequeños. Estudiante en Salamanca, Montalbán (compañero de Machado, según su biógrafo), conocería a Ignacio Calvo, de quien fue alumno y quien andando el tiempo estaría a cargo del departamento de  numismática del MAN. La carrera de Montalbán, prolija y multiforme, incluiría su paso por el Ejército español (1896-1899), pasando posteriormente a la Guardia Civil (durante el primer lustro del siglo XX), siempre vinculado al cuerpo de caballería.  

En estos iniciales años de su vida, Montalbán compaginaría el oficio de las armas con sus aficiones y devociones culturales, siendo al parecer asiduo de cafés literarios como el Café de la Luna y el de Fornos, en Madrid, y participando activamente de la vida bohemia de estos ambientes literarios capitalinos; muestra de su personalidad osada y bohemia sería precisamente su apuesta (al modo de un Phileas Fogg de carne y hueso) de dar la vuelta al mundo sin dinero de partida, sustentándose durante su viaje (que se prolongaría durante varios años) merced a las actividades que llevase a cabo en el periplo, como las conferencias que impartiese y los artículos que redactase, algo que por sí solo da definitivamente idea de su carácter aventurero (fig. 2).

Siempre gracias al testimonio de doña Mabel de Montalbán y a los párrafos de Pérez Escribano, conocemos los avatares de este azaroso viaje (para un mayor detalle de los cuales remitimos a Pérez Escribano, 2016); señalaremos ahora únicamente que la prensa del momento (de los muy distintos y distantes lugares por donde pasaba el segoviano) se hace eco del viaje de este explorador y aventurero español, quien recorrería Europa Occidental, Rusia, Turquía, el Norte de África, y embarcaría en las islas Canarias rumbo al continente americano, donde desde 1911 visitaría a su vez Uruguay y Brasil, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, EE.UU y Cuba, abandonando el mencionado continente americano para continuar viaje por Oriente, vía Londres, pasando por La India, Manchuria y China, viéndose obligado tras una década de periplo por el Mundo a retornar finalmente a España a causa del estallido de la I Guerra Mundial, en verano de 1914.

Fig. 1. Montalbán señala su fecha de nacimiento en 1890 en documento sin fechar (pero de 1945) dirigido al Ministerio de Gobernación de la República en el exilio donde señala su pertenencia a la administración de la Alta Comisaría desde 1919 como funcionario, habiendo ganado su plaza de arqueólogo por concurso.

Retornado que fue a España retomaría su perfil cultural y bohemio en el país, reintegrándose a su mundo de tertulias literarias (Espina, 1995), como la del Café del Pombo, frecuentado igualmente por Gómez de la Serna, y codeándose con Valle Inclán, Gutiérrez Solana y Neville, entre otros, con quienes compartiría espacio y afición. De estos momentos dataría también su amistad con Mario Roso de Luna, en cuya sociedad teosófica se integraría (Cortijo, 2002), amén de asumir la dirección, en una muestra más de su polifacético carácter, de la revista España Sportiva3. De su estrecha amistad con Roso de Luna y de sus afanes comunes (la Teosofía, la Atlántida, pero también la Arqueología y la Masonería) (Roso, 1923) con este ilustre espírita extremeño da testimonio, por ejemplo, que Montalbán prologase el libro De Sevilla al Yucatán: viaje ocultista a través de La Atlántida, del que es autor Roso de Luna (1924), así como la abultada correspondencia mantenida entre Montalbán y Mazas y el maestro espírita de Logrosán (Cáceres), conservada en el Archivo Montalbán; no entraremos aquí a considerar en profundidad las relaciones de Montalbán con la Masonería (que le arrostrarían en buena medida su caída en desgracia, y casi la muerte, en 1936)4, si bien quizá a través de sus contactos en este campo pueda explicarse (azar, serendipia…) su conocimiento directo de la existencia de las ruinas de la que sabemos es la ciudad antigua de Carteia (en el término municipal de la ciudad de San Roque, en la provincia de Cádiz)5 a través de su amigo el farmacéutico Evaristo Ramos Cárdenas6, quien establecido en La Línea de la Concepción compraría la finca llamada “Punta del Gallo”, en el término municipal de San Roque (provincia de Cádiz), donde llevaría a cabo algunas exploraciones arqueológicas; quizá, como señala Pérez Escribano (2016), Ramos Cárdenas habría informado a César Montalbán sobre las referidas ruinas localizadas en el término sanroqueño, y el propio Montalbán, a su vez, habría hecho otro tanto con Pelayo Quintero Atauri guardando de este modo relación esa noticia arqueológica con la red de relaciones (personales, amistosas, y también masónicas) del propio César Luis de Montalbán y Mazas.

Fig. 2. Ecos del viaje de Montalbán (1904-1914) en la prensa Hispanoamericana (periódico no identificado) [A.M.]

En cuanto al largo periplo marroquí de Montalbán hemos tenido modo de aproximarnos al mismo al tratar en párrafos anteriores sobre el establecimiento de las estructuras de gestión del Patrimonio en el Norte de Marruecos (e.g., Parodi y Verdugo, 2009), acercándonos a su primera etapa en el territorio de la Zona, entre 1919 y 1936, cuando se producirían su llegada a la región, sus primeras exploraciones arqueológicas, su papel en el contexto de dichas estructuras, en lo que toca a la investigación y la gestión, el papel por él jugado de cara a la constitución del Museo Arqueológico de Tetuán (1923, 1926…) y en el desarrollo de la sistemática de las excavaciones arqueológicas en el territorio (caso de “El Mogote”) (cfr. además al respecto Bernal et alii, 2013; Gozalbes, 2005b, 2005c, 2006, 2008d; Gozalbes et alii, 2013; Parodi, 2009, 2015 y 2015b; Parodi y Gozalbes, 2011), una etapa frustrada por el estallido de la Guerra Civil y a la que volveremos (especialmente en lo relativo a Tamuda), más adelante. Como sabemos, Montalbán fue arrestado en las excavaciones de M’zora en julio de 1936, apenas estallada la sublevación del ejército de África contra el gobierno de la República (Gozalbes, 2005b, 2005c y 2006; Parodi y Gozalbes, 2011) (fig. 3), siendo encarcelado en primera instancia en la prisión de Larache donde finalmente enfermaría, habiendo de ser trasladado al hospital de esa misma ciudad.

Superadas sus dolencias, en su sentencia -dictada en septiembre de 1937- se decretaba el cese de todos sus cargos a consecuencia del dictamen de la Comisión Depuradora de Funcionarios Civiles, ordenándose nuevamente su prisión, ahora en Ceuta; sería liberado el año siguiente, 1938, si bien se le cerraría la puerta a la posibilidad de emigrar con su familia, dejando de ese modo atrás esa España que estuvo a punto de acabar con su vida y ese régimen que acabó con su vida civil (Pérez Escribano, 2016), y casi llegó a acabar con su vida profesional condenándole a un verdadero y duro exilio interior que se prolongaría durante varios años y a un exilio exterior que se prolongaría hasta el mismo fin de sus días, a principios de los años setenta del pasado siglo XX.

Finalmente, Montalbán sería -penosamente- recuperado para el servicio por el que era el “hombre fuerte” en materia de Patrimonio del Protectorado, Tomás García Figueras (y no sólo en esta materia: García Figueras era uno de los principales puntales de la administración protectoral, y lo sería desde el mismo estallido de la Guerra Civil española hasta los últimos momentos de la propia existencia del Protectorado), quien le pondría al frente de la región occidental del territorio, si bien bajo unas durísimas condiciones sui generis, pues si bien se le permitió volver al trabajo, ello sería completamente alejado ya de las responsabilidades que inicialmente ocupase en las estructuras administrativas de la Alta Comisaría, sometido al criterio y la voluntad de sus superiores (situación que se suavizaría -ligeramente al menos- con la llegada de Quintero al Protectorado y el ejercicio por parte del conquense de sus responsabilidades al frente de la Inspección General de Excavaciones de la Zona Española del Protectorado, a cuyas órdenes se encontraba así pues el responsable de la Arqueología del sector occidental de la Zona Española, Montalbán) y sin permitírsele mantener un perfil público acorde con las que eran sus responsabilidades reales y su trabajo efectivo7 (figs. 4 y 5).

Fig. 3 Montalbán, detenido en 1936, refugiado en Tánger en 1946, fiel a la República [A.M.]

Entre los años 1938 y 1945 Montalbán trabajaría en dos yacimientos donde no había intervenido con anterioridad, los de Ad Mercuri y Tabernae (como sí lo había hecho en el sitio de Tamuda o en el de Lixus), unos trabajos de los que dejaría constancia -como sabemos que sería una tónica habitual en él- en las correspondientes Memorias de excavación, dotadas del oportuno material gráfico. Se ocuparía en esta etapa (en 1940) asimismo del estudio del sitio de “La Graciosa” en el río Lukus, realizando igualmente la inspección de las ruinas de la desembocadura del río Tahadart (en 1941), pero (como sabemos además gracias al testimonio directo de la familia), Montalbán (claramente sometido a acoso en su trabajo) no soportaría más la situación, y acabaría por romper la relación con las autoridades franquistas del Protectorado marchando finalmente a la ciudad de Tánger, nuevamente mandato internacional una vez se hubo puesto término a la ocupación española (que se había producido en 1940) de dicha ciudad en 1945, tratando de emprender allí una nueva vida con su familia y encarando múltiples penalidades fruto de la situación por él arrostrada así como de la persecución a la que se vería sujeto por parte de las autoridades españolas desde el verano de 1936 (Pérez Escribano, 2016), una persecución que no se mitigaría con su pase a Tánger (fig. 6), y que obligaría al segoviano a pedir trabajo a las autoridades internacionales que regían la capital tangerina y su hinterland en aquellos años (figs. 7, 8, 9 y 10).

Pasados unos primeros momentos de gran aprieto, Montalbán trabajaría a partir de 1946 de nuevo como arqueólogo, ahora al servicio de la Administración Internacional de Tánger, como muestran los documentos del A.M., obligándose a presentar una relación semanal de los trabajos que efectuase, amén de un informe semestral, resumen de los trabajos realizados en el semestre cumplido. De acuerdo con el testimonio aportado por la familia, incluso en Tánger, ciudad sujeta a un estatuto internacional, César Luis de Montalbán sufriría los ataques del gobierno español de la época, que mantenía una actitud abiertamente hostil hacia quien había acabado por convertirse en un verdadero rebelde ante las autoridades franquistas; en este sentido es sabido que en más de una ocasión dichas autoridades lo darían (a través del Consulado Español en Tánger) extraoficialmente, por muerto, y que (como recoge Pérez Escribano) (loc. cit. 2016) algunos de los propios amigos personales del segoviano llegarían, incluso, a eludirle de una u otra forma, siendo ignorado por los arqueólogos del Protectorado (caso de Tarradell), y quedando su figura y su trabajo al margen del interés (y de la atención) de los investigadores que ya a partir de los años 50 y 60 (vivo y activo aún el muy longevo César Montalbán, quien falleciera en la ciudad de Tánger, su patria chica de adopción, en el año 1971 a la provecta edad de 95 años) llevaron a cabo tareas arqueológicas en la región septentrional del país una vez independizado Marruecos a partir de 1956-1960.

Pese a todo, Montalbán no habría de verse por completo al margen de la vida internacional de Tánger, verdadero foco cultural en el Norte de Marruecos; mantendría en este sentido unas muy interesantes relaciones sociales y culturales, codeándose con algunos personajes de la Tánger cosmopolita de la época, caso de la princesa Ruspoli (que de la mano de Montalbán daría curso en la comarca a sus inquietudes arqueológicas, visitando sitios como la necrópolis de Marchán) (fig. 11), o recibiendo a visitantes ilustres como el conde de Barcelona (asiduo de las costas marroquíes, que navegó con el “Saltillo” en los años 50 y 60) entre otros (Mateos Sáinz de Medrano, 2012; Pérez Escribano, 2016); en este sentido no olvidemos que en Tánger existía un cosmopolita microcosmos internacional del que formaría parte, entre otras personalidades, el escritor Paul Bowles, y al que no sería tampoco ajeno el propio César Luis de Montalbán y Mazas, quien habría recurrido a las autoridades norteamericanas en sus intentos de conseguir trabajo en Tánger.

En lo que atañe a sus trabajos arqueológicos en esta etapa (al servicio de la administración de la ciudad internacional de Tánger), Montalbán desarrollaría su labor controlando los hallazgos y obras en la ciudad, caso del vivero municipal donde estudiaría unas estructuras que identificó como  un “castro cartaginés”, prestando asimismo atención a elementos tales como el foro, la basílica y las murallas de la romana Tingis. Ya anciano, en 1949 (a la edad de 73 años, si no provecta, sí ciertamente avanzada), el sepulvedano comenzaría un nuevo proyecto con el trabajo que llevaría a cabo en la así conocida como factoría fenicia de Thymiaterion, (de la que levanta planos, dibuja croquis de las estructuras excavadas y redacta una memoria de la intervención). 

Fig. 4 García Figueras a Montalbán, noviembre de 1938 [A.M.]

Fig. 5 García Figueras a Montalbán, mayo de 1940 [A.M.]

Fig. 6 Penalidades que pasaba la familia Montalbán [A.M.]

Fig. 7 Montalbán en Tánger. Correspondencia con la administración internacional de la ciudad solicitando trabajo (1945) [A.M.]

Dotado sin duda de una naturaleza singularmente fuerte (y de una notable longevidad), cabe señalar, Montalbán proseguiría con su trabajo arqueológico en Tánger hasta 1959, con 83 años nada menos (falleció, como señalamos, con 95 años) (fig. 12). En 1956-57 llevaría a cabo las que serían sus últimas actividades de campo, de lo que, por ejemplo, se beneficiaría el vivero municipal tangerino, objeto de sus excavaciones, en cuyo contexto consideró haber hallado un puerto cartaginés8, un arsenal y los restos de unos baños romanos; en esos mismos momentos igualmente llevaría a cabo el estudio de lo que identificaría como un “Ara Fenicia”, así como la investigación de un hipogeo cartaginés en el valle del Mogoga, del que realizaría gráficos y memoria (Pérez Escribano, 2016). Ya retirado de la actividad (en la que se mantendría incluso octogenario, como hemos señalado), César Luis de Montalbán y Mazas fallecería en la ciudad marroquí de Tánger, donde estableciera su residencia en 1945, el 5 de febrero de 1971, en donde se encuentran aún sus restos mortales (fig. 12)9.

Releyendo a Montalbán

En estos párrafos hemos querido presentar una breve aproximación a la semblanza personal de César Luis de Montalbán, mencionando los trabajos realizados por el investigador segoviano en el seno de la autoridad protectoral en el Norte de África, unas labores (que consideramos más por extenso en otros lugares, y a las que volveremos)10 realizadas por César de Montalbán a principios del siglo XX en el área de sus responsabilidades, con especial atención a la investigación in situ en Tamuda desarrollada por este pionero castellano, una investigación perteneciente a la primera fase de su etapa como arqueólogo en Marruecos, de la que forma parte igualmente su investigación de las históricas mazmorras de la ciudad de Tetuán (Montalbán, 1929). Montalbán, que ha gozado de muy escasa consideración en líneas generales en la literatura historiográfica posterior, sufriría ya en vida la persecución de las autoridades vencedoras de la Guerra Civil (ya desde los primeros momentos de la misma); sería un represaliado político, que estuvo como sabemos a punto de perder la vida y que fue sometido a la presión de las autoridades franquistas tras ser víctima de una purga política y administrativa (y tras haber sufrido prisión en los primeros años de la guerra), una presión que debió hacer muy difíciles sus condiciones no sólo laborales sino personales, y ante la que finalmente (y por coherencia con su ideología) se vería abocado a abandonar la Zona Española del Protectorado para refugiarse en la ciudad internacional de Tánger donde se asentaría profesionalmente continuando en el ejercicio de la Arqueología vinculado a la estructuras administrativas de la referida ciudad antes y después de la independencia de Marruecos.

Fig. 8 Montalbán solicita trabajo al cónsul de EEUU en Tánger pidiendo trabajo, 23.X.1945 [A.M.]

Fig. 9 Montalbán solicita trabajo al cónsul de Gran Bretaña en Tánger pidiendo trabajo, 23.X.1945 [A.M.]

Su obra, su trabajo en Marruecos en el campo de la Arqueología (tanto en el ámbito de la investigación de campo, como en el campo de la Museística -con la creación del Museo de Tetuán en 1923 (Parodi, 2013 y 2013b; Zouak y Parodi, 2011 y 2012)-, como en el terreno de la gestión, la administración y la institucionalización del Patrimonio en el seno de la administración protectoral), ya sea en la época del Protectorado (con las dos etapas de su acción, 1921-1936 y 1938-1945) como en su fase tangerina (desde 1945 hasta 1959, permaneciendo en activo hasta ese momento, tan sólo doce años antes de su fallecimiento en 1971), son merecedores de consideración y estudio, y son muy loables en este sentido los esfuerzos de la familia Montalbán por propiciar y facilitar el conocimiento de la figura y la obra de este pionero de la Arqueología, alguien que trabajó con los métodos y el espíritu de su época, que con su trabajo dio a conocer -y favoreció el conocimiento de- no pocos sitios arqueológicos en el Norte de Marruecos y que lo hizo guiado no sólo de un espíritu aventurero (hasta cierto punto imprescindible y muy inteligible, si se considera la situación del Marruecos de la época de sus primeros trabajos en dicho escenario, un país en guerra, con enorme peligro físico de su vida y de la de sus colaboradores, como prueban los episodios bélicos en el sitio de Tamuda y la muerte en una emboscada de su buen amigo y estrecho colaborador el coronel Juan Lasquetty -una emboscada que pudo haber costado la vida al propio Montalbán, de no haber cambiado éste de planes de viaje), sino con una completa vocación de servicio público, una neta consciencia de sus responsabilidades y una clara voluntad de socialización del conocimiento a lo largo de su carrera.

Fig. 10 Respuesta del cónsul de EEUU en Tánger a la petición de trabajo de César Montalbán, 30.X.1945 [A.M.]

Fig. 11 César Montalbán y la princesa Ruspoli, excavaciones en Tánger (1953) [A.M.]

Fig. 12 Necrológica de César Luis de Montalbán y Mazas. Tánger, febrero de 1971 [A.M.]

Montalbán y Mazas, fin de raza en sí mismo, pertenece a un mundo en transición, como Pelayo Quintero Atauri (su sucesor al frente de la Arqueología del Protectorado), un mundo que está girando desde la Arqueología aventurera y anticuarista hacia la Arqueología científica y académica, pero sus trabajos lejos de responder a los afanes particulares de un aventurero se integran desde un principio en las labores de una u otra estructura oficial, como serían la de la administración del Protectorado del Norte de Marruecos, que es decir en la administración del territorio septentrional del entonces Imperio de Marruecos, la de la administración de la ciudad internacional de Tánger (entre 1946 y 1956) y la de la administración tangerina ya bajo bandera y soberanía marroquí (entre 1957 y 1959), debiendo ser considerado el segoviano como un servidor público, un hombre de la administración, a lo largo de toda su carrera provincial. Montalbán fue víctima de la represión política en vida, y de la damnatio memoriae antes y después de su muerte. Se le ha ocultado, perseguido, acosado, escarnecido, minusvalorado…, sin atender a que los trabajos de este pionero de la Arqueología no estaban, en líneas generales, nada alejados de los modos de otros especialistas que desempeñaban sus tareas en ese mismo contexto cronológico de primera mitad del siglo XX (nos referimos especialmente a su trabajo en el contexto del Protectorado Español en el Norte de Marruecos) y en ese mismo horizonte cultural y metodológico, con independencia de perfiles y calidades individuales.

De este modo resulta significativo (contemplada la documentación y realizada la lectura de los trabajos de los años 40 y 50 del siglo pasado sobre el yacimiento tamudense), y ciertamente clarificador el clamoroso silencio con el cual Montalbán fue tratado desde prácticamente los mismos momentos del descubrimiento e identificación (por él) del yacimiento de Tamuda, de modo que encontramos que a sus trabajos no se les cita en el ámbito académico y científico, como se contempla en los párrafos, tan seguidos, de Manuel Gómez Moreno (1922 y 1924) quien no lo menciona, denotando, en todo caso y muy por el contrario, un cierto resquemor por segoviano y su trabajo.

Pelayo Quintero (a quien, bien es cierto, Tomás García Figueras haciendo uso de la sutileza que a veces le caracterizaba viene a pedir en alguna ocasión que se cuidase de advertir esto o aquello a Montalbán, lo que nos lleva a pensar que Quintero habría podido suavizar hasta cierto punto la presión sobre Montalbán, algo que García Figueras, con sus advertencias, habría tratado por su parte de evitar, de impedir) se habría situado como “amortiguador” de la presión sobre Montalbán, si bien el sucesor del conquense en la Arqueología septentrional marroquí, Miquel Tarradell, no le concedería gran mérito a la labor del segoviano, y se limitaría, en líneas generales, a mencionarlo de forma puntual en algunos de sus trabajos, mas sin un reconocimiento expreso de sus méritos y sus logros, y ello pese a que corresponde a Montalbán11 el ser descubridor de yacimientos de tanta relevancia como los de Sidi Abdeselam del Behar y Kitane-Quitzán en 1921, unos datos que no han trascendido a la investigación y la historiografía posterior, sin perder de vista que (como venimos señalando) el verdadero “descubrimiento” de Tamuda (en tanto que hablamos de la correcta identificación como el sitio arqueológico del viejo castellum romano alto y bajoimperial -citado en Plinio, N.H. V.18- de aquellas ruinas del “Suyar portugués” localizadas a las afueras de la ciudad de Tetuán, en la orilla derecha del río Martil, entonces Martín) es, igualmente, enteramente un mérito de César Luis de Montalbán y Mazas.

En este sentido, y sin perjuicio de lo anteriormente expuesto, viene a ser clarificador al mismo tiempo que llamativo que en algunos trabajos posteriores (caso de algunas de las Memorias de Tamuda de los años cuarenta del siglo pasado, publicadas por Pelayo Quintero Atauri en el ejercicio de sus funciones y responsabilidades como arqueólogo) se llegase a utilizar documentación (por ejemplo planos) de Montalbán (Montalbán, 1929-1930; Bernal et alii, 2013 y 2013d), sin hacer mención explícita (o implícita) de su procedencia cierta, viniendo a considerar a dichos documentos de una forma impersonal y citándolos simplemente como “plano de Tamuda” (e.g. Quintero, 1942; Quintero y Giménez 1944), sin proporcionar indicación de fuente, ni autoría.

sar Luis de Montalbán y Mazas, estamos convencidos de ello (y por ello nos permitimos hacer este apunte breve), merece un mejor trato, un mayor respeto y una consideración acorde con los no pocos méritos de sus ricos perfiles personales, de su larga carrera como arqueólogo, desarrollada a lo largo de los cuarenta años que median entre 1919 y 1959, en el Norte de África, primero (de 1919 a 1945) en la Zona Española del Protectorado y más tarde (entre 1946 y 1959) en Tánger (antes y después de la independencia de Marruecos), sin pasar por alto su faceta como gestor del Patrimonio (y como organizador del primer Museo Arqueológico de Tetuán, en 1923) en la primera mitad del siglo XX; él mismo (a veces demasiado imbuido de su propio espíritu aventurero y de afanes no demasiado cercanos a la Ciencia objetiva, sea eso lo que sea) muestra en sus planteamientos la voluntad de trabajar de manera sistemática, metódica, lejos de impaciencias y de prisas, revelando algunas de sus inquietudes en relación con la ciencia arqueológica, como la relativa a descubrir (y dejar al descubierto) tantas estructuras como le resultase factible12 y a conservar recogiéndolos para su estudio tantos materiales como fuera posible, con la intención de que todos estos restos pudieran servir a los investigadores contemporáneos y posteriores a él mismo.

De este modo, y su trabajo (en la medida en que pudo hacerlo -lejos de ser perfecto, pero lejos también de ser merecedor de la damnatio memoriae a la que ha sido sometido por sus contemporáneos, por sus jefes y en buena medida por la Historiografía posterior) deja constancia de ello, es posible afirmar que su intención siempre fue la de ser lo más meticuloso posible y, algo de lo que estamos convencidos, fue pulcro y se mostró siempre preocupado por su profesión. Aunque no faltan, todo es de decir, propuestas acaso poco fundadas o incluso algunas hipótesis que se revelan poco acertadas en su trabajo, cabe señalar que ello no es privativo de este investigador, y que resulta algo propio de la época a la que pertenece (al margen de su longevidad, que le llevaría a permanecer en activo superados los ochenta años), una época en la cual aún se mezclaban la intuición, incluso la fantasía y la imaginación, con el tenor anticuarista y erudito de los investigadores, una época aún de inicios y primeros pasos del desarrollo de la ciencia arqueológica, en el período de entreguerras.

Desafortunadamente hasta el momento presente la Historiografía aún no ha sabido, podido o querido, pensamos, aún hacer a este investigador la justicia que merece, algo que a todas luces convendrá revisar en los próximos años (fig. 19), para lo cual este primer centenario de la Arqueología normarroquí constituye una ocasión a todas luces oportuna.

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1 Francisco José Pérez Escribano ha elaborado una sucinta biografía de César Luis de Montalbán que sería publicada (con fecha de 29 de agosto de 2016) en el blog « http: //cesarluisdemontalbanydemazas.blogspot.com.es/ » (en adelante, Pérez Escribano, 2016).

2 Montalbán señala como su fecha de nacimiento el 1 de diciembre de 1890 en un documento sin fechar (pero que, por su contenido, podemos datar en el año 1945, inmediatamente posterior a su llegada a Tánger como refugiado), dirigido al Ministerio de Gobernación de la República en el exilio donde señala su pertenencia a la administración de la Alta Comisaría desde 1919 como funcionario, habiendo ganado su plaza de arqueólogo en dicha administración por concurso.

3 Según Altabella, (1988) la revista semanal España Sportiva (que se publicaría en Madrid entre 1912 y 1933) era continuadora de la publicación Norte Sportivo, de San Sebastián, que había sido fundada un año antes por Fernando Salvadores (Sáinz de Baranda, 2013).

4 Un acercamiento a este particular en Pérez Escribano, 2016.

5 Hemos visto que en la década de los años 20 Montalbán, ya desde Marruecos (como director del Museo Arqueológico de Tetuán) pondría en conocimiento a Pelayo Quintero y a la Comisión Provincial de Monumentos de Cádiz (presidida por este último) de la existencia de estos restos arqueológicos en una finca privada del término municipal de San Roque.

6 El farmacéutico Evaristo Ramos habría sido asesinado en 1936 en La Línea de la Concepción por los sublevados a causa de su adscripción a la Masonería (de acuerdo con Pérez Escribano, 2016), un final al que pudo escapar César Montalbán en 1936 en el Norte de Marruecos, y del que quizá no habría podido librarse de haber sido sorprendido el segoviano por el golpe de estado en otro escenario, en la Península Ibérica, en territorio “nacional” peninsular.

7 Pérez Escribano (2016) recoge una carta de García Figueras (fechada el mes de noviembre de 1938) en la que se explica la nueva situación de Montalbán, documento que expone esta dura situación para el explorador y arqueólogo sepulvedano y la voluntad del referido García Figueras de tener bajo su control a Montalbán sin darle ningún margen de maniobra ni tampoco independencia alguna en sus movimientos y acciones; García Figueras haría presión sobre el recto Quintero Atauri en más de una ocasión para que vigilase atentamente al de Segovia, una insistencia que en sí misma nos hace pensar que el trato que el citado Quintero dispensaba a Montalbán no era exactamente el de estricta vigilancia y presión que el falangista García Figueras consideraba oportuno y pertinente; quizá, entendemos, Pelayo Quintero no trataba a Montalbán y Mazas con la dureza que se esperaba, y por ello se presionaba al de Cuenca en el sentido de que no aflojase a su vez la presión sobre su antecesor y ahora subordinado, el otrora responsable de la Arqueología de la Zona Española en Marruecos, César Luis de Montalbán.

8 Quizá inspirado por los contemporáneos trabajos desarrollados en Túnez, entre otros, por P. Cintas; resulta difícil no evocar el estudio del gran puerto militar de Cartago en los años setenta del siglo pasado, llevado a cabo no mucho tiempo después del fallecimiento de Montalbán y Mazas.

9 Como curiosidad, es de notar que los dos pioneros de la Arqueología hispanomarroquí, Pelayo Quintero Atauri y César Luis de Montalbán y Mazas, reposan para la eternidad en las ciudades desde las cuales desempeñaron sus funciones y ejercieron sus responsabilidades, el primero en Tetuán (la antigua capital de la Zona Española del Protectorado, donde falleció en octubre del año 1946) y el segundo en Tánger, donde descansó en paz en 1971.

10 Vide Bibliografía infra.

11 Además del hecho de haber sido el primer arqueólogo con responsabilidades de gestión y de investigación en el Norte de Marruecos en el seno de una administración magrebí, la del Norte del país, y de las condiciones de peligro extremo en las que el sepulvedano se vería constreñido a trabajar durante mucho tiempo, sin obviar tampoco su acierto no sólo en los descubrimientos que citamos, sino en el desarrollo del propio trabajo prospectivo, por ejemplo en el valle del Martín-Martil a principios del siglo XX, de lo que se cumplen cien años precisamente en 2019.

12 Seguimos en demasiadas ocasiones influidos por la idea de que la Arqueología debe “poner al descubierto” las evidencias del pasado como primer, cuando no como único, fin y objetivo.

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