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Revista Onoba
2024, Nº 12, 141-160
ISSN: 2340-3047
https://doi.org/10.33776/onoba.vi12.8324
El asEntamiEnto dE tEjada. Floruit
y lapsus dE un EnclavE campiñés a la
luz dE las fuEntEs tExtualEs y cartográficas
The settlement of Tejada. Floruit and Lapsus of a
countryside site based on textual and cartographic sources
rEsumEn
El poblamiento de las comarcas campiñesas
del suroeste peninsular ibérico se caracteriza por
una larga diacronía sustentada en dos factores
principales, la bonanza climática y la alta capacidad
agrológica de los suelos. Buen ejemplo de ello es
el asentamiento de Tejada, situado en la actual
provincia de Huelva, y ocupado desde momentos
protohistóricos hasta inicios de la edad moderna.
Su importancia durante la época romana e islámica,
evidenciada por su carácter urbano, contrastan con
un paulatino declive que, tras un último momento
de orecimiento después de la conquista y la
posterior repoblación cristianas, cristalizará en su
abandono a comienzos del siglo XVI, en favor de
otras poblaciones circundantes, tal y como revelan
las fuentes textuales, cartográcas y arqueológicas.
Su secuencia ocupacional puede servir de modelo
para valorar el tipo de poblamiento de carácter
urbano y rural entre la margen derecha del río
Guadalquivir y la costa de Huelva en un típico
paisaje andaluz de campiña.
abstract
The countryside’s settlement in the southwest
of the Iberian peninsula is characterised by a long
diachronic process, based on two main factors:
the favourable climate and the high agrological
capacity of the soils. A good example of this is the
settlement of Tejada, located in the area of Huelva,
and occupied from protohistoric times until the
beginning of the modern era. Its importance during
the Roman and Islamic periods, evidenced by its
urban character, contrasts with a gradual decline
which, after a nal period of ourishing after the
Christian conquest and subsequent repopulation,
crystallised in its abandonment at the beginning of
the 16th century, in favour of other surrounding
towns, as revealed by textual, cartographic and
archaeological sources. Its occupational sequence
can serve as a model for assessing the type of urban
and rural settlement between the right bank of the
River Guadalquivir and the coast of Huelva in a
typical Andalusian countryside landscape.
nuria dE la o vidal tEruEl
Universidad de Huelva
orcid.org/0000-0002-3853-3019
palabras clavE
Tejada (Huelva, España); Ituci/Tucci; Ţalyāţa;
paisaje campiñés; poblamiento diacrónico; fuentes
textuales y cartográcas.
KEy words
Tejada (Huelva, Spain); Ituci/Tucci; Ţalyāţa;
countryside; diachronic settlement; textual and
cartographic sources.
Recibido: 24/06/2024
Revisado: 05/09/2024 Aceptado: 10/09/2024
Publicado: 22/11/2024
nvidal@uhu.es
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https://doi.org/10.33776/onoba.vi12.8324
introducción
La actual provincia de Huelva se caracteriza por
un variado conjunto de ambientes morfopaisajísti-
cos que, de sur a norte, combina una dinámica lí-
nea costera a la que se añade un marco campiñés de
gran fertilidad agropecuaria (la Tierra Llana), con
un ámbito intermedio de carácter más agreste y de
orientación básicamente minera (Andévalo), al que
sucede, en el extremo norte, un paisaje de elevacio-
nes medias y altas combinadas con amplias dehe-
sas (Sierra). Más allá de la individualización física
y ambiental que ello supone, esta caracterización
también incide en la propia ocupación del espacio
a lo largo del tiempo, de modo que la evolución his-
tórica de cada uno de estos espacios presenta dife-
rencias en su modelo de ocupación poblacional en
función de parámetros como el tipo de asentamien-
to y su ubicación, su mayor o menor continuidad
estratigráca, o la mayor o menor conexión con
inuencias externas.
El enclave de Tejada1 (Escacena/Paterna del
Campo, Huelva) se localiza en el primero de estos
ámbitos, el sector oriental de la Tierra Llana onu-
bense, en el margen sur del macizo Hespérico, don-
de se produce el contacto meridional de la Sierra
Morena con los materiales sedimentarios del cierre
de la cuenca terciaria del Bajo Guadalquivir, y en
el que se genera un complejo desarrollo de proce-
sos tectónicos y sedimentarios durante la evolución
neógena y cuaternaria (Campos et alii, 1992, 785).
Desde el punto de vista paisajístico su loca-
lización presenta una unidad propia dentro del
Mapa de Paisajes de Andalucía, elaborado en
2018 (VVAA, 2018, 14; 54) (nº12), conocida como
Campo de Tejada2, y que se caracteriza como una
campiña de piedemonte, conformada por tierras de
labor, con suelos con alta capacidad agrológica y
clima mediterráneo continental, entre las que pre-
dominan las cuencas sedimentarias y las vegas u-
viales, además de complejos humedales y endorrei-
1 En este trabajo y salvo indicación contraria empleare-
mos el término Tejada para aludir al que se identica como
Tejada la Nueva o Aldea de Tejada y sí mantendremos la de-
nominación de “la Nueva” cuando así lo requiera la alusión
a referencias bibliográcas u otro tipo de recursos donde así
se reeja.
2 Que se integra a su vez en El Condado, que ocupa una
parte central de la provincia de Huelva y, aunque con una
pérdida importante de su papel estratégico desde la actual
división provincial en 1833, posee una marcada personalidad
basada en su paisaje suave y agrario y en la impronta medie-
val de su capital, Niebla (Fernández-Baca, 2010, Dir., 269).
cos. Estas campiñas, que se prologan desde Huelva
hasta Jaén, se proyectan a través de colinas y re-
lieves suaves de suelos sedimentarios, con los culti-
vos propios de la trilogía mediterránea (Fig. 1), que
sustentan un patrón poblacional de larga tradición
y muy ligado al territorio3. De hecho, para el caso
onubense nos hallamos ante un medio de carácter
arcillo-arenoso y que incluye parte de los sistemas
de terrazas del Tinto, cuya evolución durante el
Holoceno ha estado marcada por la intensa y esta-
ble ocupación del medio, favorecida por la alta ca-
pacidad agrológica y la bonanza climática (Vidal,
1997, 33), razones por las que se convirtió en el área
más antropizada de la Tierra Llana, sin solución de
3 Paralelamente, cabe referir la inscripción del Paisaje de
Tejada la Vieja como paisaje cultural andaluz dentro de la
categoría de paisaje de dominante rural dentro del Registro
de Paisajes de interés cultural de Andalucía (Fernández
Cacho, et alii, 2018, 37).
Figura 1. Superior: Individualización del Campo de Te-
jada (12) en el Mapa de Paisajes de Andalucía (VVAA
2018, 14). Inferior: Vista aérea de las campiñas que ro-
dean al asentamiento de Tejada. (https://www.youtube.
com/watch?v=KpwGDTM9w0U)
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Nuria Vidal Teruel
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continuidad desde el Neolítico-Calcolítico hasta la
actualidad. En la evolución del medio físico en re-
lación con su ocupación arqueológica, se establecen
dos etapas principales que coinciden con los mo-
mentos en los que más modicaciones antrópicas se
produjeron en el medio natural: la primera, durante
el período Cobre-Bronce (IV-III milenio), consta-
tándose el uso del medio natural por el ser humano
en la deforestación del bosque como consecuencia
del proceso de sedentarización y las actividades
minero-metalúrgicas; la segunda, desde el cambio
de Era hasta la actualidad, apreciándose en la alte-
ración uvial, con la aceleración de los procesos se-
dimentarios, y la modicación del paisaje (Campos
y Gómez, 2001, 219).
Así, desde la Edad del Cobre el potencial agrí-
cola en el entorno del río Tinto ya se aprovechaba
desde asentamientos estratégicos como el poblado
de La Atalayuela, ubicado entre los ríos Tinto y
Corumbel, en el término municipal de La Palma
del Condado. Progresivamente, la población de esta
zona evolucionó hacia una mayor complejidad, evi-
denciada por las manifestaciones megalíticas cerca-
nas, como el Cabezo de la Sepultura en Villarrasa,
o las de Soto en Trigueros y El Moro en Niebla.
Durante las edades del Bronce Final y el Hierro,
algunos asentamientos prolongaron su ocupación,
convirtiendo a centros como Niebla o Tejada en
importantes receptores de productos agrícolas y en
articuladores territoriales. Esta función se mantuvo
durante la dominación romana también a través de
villas como Chabuco o El Garabato, ambas en La
Palma del Condado, o Las Capellanías en Villarra-
sa4.Paradójicamente, es precisamente la alta ferti-
lidad de la tierra la que a comienzos del siglo XX
era esgrimida por el erudito local Silverio Escobar
y Salazar, para explicar la gran decadencia en la que
se hallaban las poblaciones del entorno, y más con-
cretamente el núcleo de Escacena del Campo, del
que era originario:
¿Qué razón, qué causa podrá haber para
tan raro fenómeno, tanto en el orden moral
como en el material? ¿Será la ignorancia?
¿Serán los muchos vicios? ¿Será la sangre
meridional? Es posible que sea de todo un
poco. También puede ser que la misma fa-
4 Paisaje molinero del río Tinto (Huelva) (IAPH, 2016),
https://hdl.handle.net/11532/324990
cilidad con que la tierra produce lo necesa-
rio para vivir haga á los hombre holgazanes
(Escobar y Salazar, 1910, 6).
la ¿artificial? dualidad toponímica: tEjada
la viEja”/tEjadala nuEva”.
Buena parte de la responsabilidad sobre la escasa
relevancia del sitio desde el punto de vista cientíco,
social e incluso jurídico5 creemos recae en el hecho de
compartir nombre, Tejada6, con otro enclave, del que
dista apenas unos 5 km y del que se ha convertido en
apéndice subsidiario tanto en el ámbito investigador
como en el imaginario colectivo7 (Fig. 2).
La dualidad toponímica que afecta a los actuales
enclaves de Tejada “la Vieja”8 y Tejada “la Nueva”
5 El asentamiento de Tejada “la Vieja” está incluido en
el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía
con la categoría de BIC/ Zona Arqueológica, BOJA nº 154
del 6 de agosto de 2007, página 31. Por el contrario, y a pe-
sar de su relevancia arqueológica, en la actualidad no existe
ninguna gura de protección sobre el asentamiento de Te-
jada, más allá de la aplicación de la Ley de Patrimonio His-
tórico Español a través de la Disposición adicional segunda,
según la cual, “Se consideran asimismo de Interés Cultural
y quedan sometidos al régimen previsto en la presente Ley
los bienes a que se contraen los Decretos de 22 de abril de
1949, 571/1963 y 499/1973”, y que se circunscribiría única-
mente a la cerca murada, como correspondería a su función
defensiva y por lo tanto incluida dentro del Decreto de 22 de
abril de 1949 de protección de castillos españoles, publicado
en el BOE-A-1949-4615. Nos consta el intento fallido de
declaración del sitio como BIC Zona Arqueológica a nales
de la década de los años ochenta del siglo XX (Bedia et alii,
1987) y el más reciente en el mismo sentido, iniciado en
2018 (Campos et alii, 2018) desde la administración auto-
nómica que tampoco parece haber prosperado.
6 Vide nota 1.
7 No obstante, ello no ha evitado que ambos dos en-
claves hayan sido fundidos en una única y errónea realidad
histórico-arqueológica (p. ej. García-Bellido, 1993; 2001; Vi-
llar; 2000).
8 El yacimiento de Tejada la Vieja se encuentra cercano
al Paraje Natural de la Pata del Caballo en un cerro amese-
tado de unas 6,5 Ha ubicado entre la campiña onubense al
Sur, próxima al río Guadiamar, y la zona minera que se ex-
tiende en sus alrededores. La producción bibliografía sobre
este lugar es muy abundante desde mediados de la década
de los años setenta del pasado siglo de manos del ya extinto
Servicio de Arqueología de la Diputación de Huelva (sirvan
como ejemplo Fernández Jurado, 1987; Fernández et alii,
1993; García y Rufete, 1995). A partir del año 2015 se ini-
cia una nueva etapa en la investigación del yacimiento con
la incorporación del área de arqueología de la Universidad
de Huelva, gracias a lo cual se ha impulsado y renovado el
conocimiento sobre su extensión y urbanismo (Toscano y
Campos, 2020; Toscano Pérez, 2024), su vinculación con
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ci en la vía XXIII, que une la desembocadura del
Guadiana con el valle del Guadalquivir y Mérida (It.
Ant. 432, 3). Por su parte, el Anónimo de Rávena
nombra la ciudad de Tusci como una de las cerca-
nas a Hispalis (An. Rav. 317, 13).
Otras referencias literarias, pese a su compleji-
dad, se relacionan con las guerras que sostuvieron
los romanos contra los Lusitanos, dirigidos por Vi-
riato, durante los años 141-140 a. C. Así, tanto en
Diodoro Sículo (33, 5) como en Apiano (Iber. 66ss.),
Itucci (Tukka e Itukka respectivamente) parece
ser un centro de operaciones importante que cam-
bia de manos en varias ocasiones. Tradicionalmente
esta Itucci ha sido identicada con Tucci (Martos,
Jaén) (Schulten, 1937, 116). Tal vez esta localización
pueda apoyarse en la cita de los bastetanos, que ha-
bitaban el Alto Guadalquivir. No obstante, de la
misma manera que está documentado el desdoble
entonímico turdetanos/ túrdulos, en las fuentes
aparecen también los bastetanos/bástulos como un
mismo pueblo (Cfr. Estrabón 3, 1, 7 y 3, 2, 1). Por
ello, donde Apiano dice ‘la región de los bastetanos’
podría pensarse que se reere a los bastetanos-bás-
tulos del sur de la Turdetania, documentados con
el nombre de bástulos también en Mela (3, 3), en
Plinio (N.H. 3, 8) y sobre todo en Ptolomeo (Geo-
gr. 2 4, 6). Es más, aunque en materia geográ-
ca Apiano es un tanto descuidado y su obra se
caracteriza por cierta relajación en las descrip-
ciones geográcas de los escenarios históricos
(Ruiz Acevedo, 2010, 250), las referencias geográ-
cas incluidas en estas operaciones (cercanía de Lu-
sitania, saqueo de la Beturia, el paso al territorio
de los cuneos, participación de Corduba e Italica)
podrían apuntar, en contra de la opinión de Schul-
ten, que la Itucci de Apiano y la Tucci de Diodoro
no deba ser identicada tan lejos de algunos de los
restantes puntos geográcos citados, debiendo co-
rresponderse con la Ituci que acuñó monedas en los
siglos II y I a.C.10 y con la Tucci del Itinerario An-
10 Se trata de una ceca con emisión bilingüe, de alfabeto
púnico (ases y semises) y latino (semises y cuadrantes), con
una variada iconografía que refuerza la tradición orientali-
zante del sitio no sólo con el ámbito de tradición fenopúnica,
sino con el propio círculo gadeirita; apoya esta última hipó-
tesis la existencia de un tipo ajeno al ambiente iconográco
del resto de enclaves romanos del entorno (Onoba, Ilipla y
Ostur) y de la propia ceca itucitana, que porta en anverso un
atún y creciente externo y en reverso una espiga de cereal
vertical (Vidal Teruel, 2024). Otro argumento que refuerza
esta hipótesis se encuentra en la posible inuencia de “gue-
rreros númidas” vinculados con la entrada de este núcleo en
deriva de la inclusión del primero en un croquis so-
bre la historia de la población de Paterna por parte
del párroco del lugar en respuesta al requerimiento
de información elevado por parte del geógrafo real
Tomás López para la confección del diccionario que
lleva su nombre durante el último tercio del siglo
XVIII. Así, este texto será el primero que conten-
ga una referencia sobre la existencia de un núcleo
antiguo abandonado a una legua al norte de la “ciu-
dadela de Tejada”, con el que se establecerá una
conexión directa pero sin mayores detalles y que
se representa en el plano que acompaña al aparta-
do dedicado a esta población (Vidal Teruel, 2024),
cuestión sobre la que volveremos posteriormente.
Pero veamos qué datos anteriores proporcionan
las fuentes textuales y cartográcas al respecto9 y
que se reeren especícamente a este enclave.
Para el caso de las fuentes textuales de época an-
tigua, las referencias más claras son las que se in-
cluyen en los itineraria de época romana. Así, el
Itinerario Antonino menciona la ciudad de Tuc-
la explotación vitinícola (Toscano Pérez, 2019 a) o el cul-
to betílico de época tartésica (Toscano Pérez, 2019 b), entre
otros aspectos.
9 No vamos a dedicar un apartado especíco a las fuen-
tes numismáticas de época romana, presentes en los prin-
cipales repertorios hispánicos (Delgado, 1873, 144; Vives,
1926, 34-36; Villaronga, 1994, 107; García-Bellido, 2001;
Alfaro Asins, 2004; Ripollés, 2022) y objeto de otros tra-
bajos: Vidal Teruel, 1997; 2007; Toscano Pérez, 2014. En
cuanto a las fuentes epigrácas, el escaso repertorio vincu-
lado con el sitio, apenas tres inscripciones, una de ellas cris-
tiana, permite determinar su condición de municipio Flavio
por el epígrafe del dunviro Q. Cornelius Senex (CIL II,
1258, p. 842; CILA I, 84 –González Fernández, 1989, g.
72); la segunda corresponde al ara funeraria de Aelia P. f.
Severa (González Fernández, 2013, 277-278). La última es
el epígrafe funerario de Ianuarius, famulus Dei (AE 2003,
915; HEp13, 2003/2004, 583).
Figura 2. Izquierda: Localización de los enclaves de Te-
jada, La Vieja y La Nueva. Derecha: vista satelital del
asentamiento de Tejada (La Nueva).
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desempeño de un importante papel en relación con
algunos acontecimientos de carácter militar duran-
te dos etapas: el Emirato y la Conquista Cristiana.
En la primera, Ţalyāţa participará de dos de sus
episodios más relevantes, las incursiones norman-
das y la primera tna; respecto de la segunda, el
sitio será protagonista desde la época almohade, y
especialmente en relación con el inicio de las incur-
siones de los conquistadores cristianos sobre la zona
de Sevilla desde mediados del siglo XII.
Para el primer caso, el autor más explícito es el
geógrafo e historiador almeriense al-‛Udrī, quien,
en su narración de la incursión de los normandos
sobre Sevilla del 230 H/844, señala que Ţalyāţa es
situada a 20 millas de dicha ciudad, lo que aporta
una equivalencia aproximada de unos 35 km, dis-
tancia muy similar a la existente entre la capital
sevillana y el despoblado de Tejada12, sobre cuya
ubicación no existe pleno consenso, situándose
bien en Tejada (Gálvez, 1978), bien en Tablada en
las inmediaciones de Sevilla, donde se sitúa el ae-
ródromo del mismo nombre (Roldán, 1987)13. Poco
más adelante, el propio al-‛Udrī, en su descripción
de la cora de Niebla, añade que Ţalyāţa era el punto
intermedio de la que denomina “ruta de las cara-
12 ..Los normandos aparecieron en Lisboa en el año
844; de ello tuvo noticias Abd al -Rahman II por el go-
bernador de aquella ciudad Wahba Allah ibn Hazm.
Un año más tarde, en el 845, remontan el Guadalquivir
y desembarcan en Qabtil (Isla Menor), tras haber rea-
lizado incursiones en Cádiz y Sidona. De Isla menor
se dirigen a Qawra (Coria) a doce millas de Sevilla,
donde los musulmanes sufren una derrota, permane-
ciendo en esta localidad un día entero. Llegan después
a Talyata, que dista de la ciudad veinte millas, y a la
mañana siguiente aparecen en un lugar por deba o de
la ciudad, conocido con el nombre de alFajjarin (Los
Alfareros), donde vuelven a enfrentarse musulmanes y
normandos.
(..) Mientras tanto las tropas cordobesas, alarmadas
por las noticias que llegaban de Sevilla, se dirigieron a
esta ciudad, bajando por la parte oriental de la misma,
por un lugar al que llaman Masdum. Los normandos
lucharon contra este ejército y sufrieron algunas pérdi-
das, viéndose obligados a retirarse a sus embarcacio-
nes, sin que los musulmanes se tomaran el cuidado de
perseguirlos. (..) Salió entonces de Córdoba un nuevo y
nutrido ejército al mando de Said ibn Rustun (..) Este
se disponía a combatir a la mañana siguiente pero los
normandos no presentaron batalla y se replegaron a
Talyata (Abd al-Aziz al-Ahwani, 1965).
13 Un análisis minucioso sobre las diferentes posicio-
nes acerca del tema puede consultarse en García Sanjuán
(2002 a).
tonino (It. Ant. 432, 2) y del Anónimo de Ravena
(317, 13), esto es, con la que se localiza en Tejada
la Nueva (Huelva) (Ruiz Acevedo, 1998, 64ss., Vi-
dal Teruel, 2004, 215ss.; 2007, 158ss.). Su situación
en una zona a medio camino del Guadalquivir, la
Beturia y los cuneos, con importantes vías de co-
municación entre el valle del Guadalquivir y la Lu-
sitania central y meridional podrían hacer pensar
que esta localización puede ser más acertada que la
de la ya citada Tucci (Plin. N.H. 3 12; Martos, Jaén)
o incluso la de otras ciudades homónimas, como
la Ituci o Iptuci de Plinio (N.H. 3, 15) (Cabezo de
Hortales, Prado del Rey, Cádiz) o la Ituci Virtus
Iulia de Plinio (N.H. 3 12) (Torreparedones, Baena,
Córdoba) (Ruiz Acevedo, 2010, 251; Ruiz y Ber-
mejo, 2013, 28-29; Ruiz y De Paz, 2018, 90). Todo
ello revela, como se indicaba en la introducción, que
nos hallamos ante un enclave que en época romana
disfrutó de un carácter urbano, sobre lo que ya exis-
ten trabajos que proponen su posible articulación
interna en relación con su recinto murado (Campos
y Vidal, 1999; 2003).
No falta la referencia al lugar en las fuentes
andalusíes, que aunque sin poder compararse en
cantidad y calidad con la de otros núcleos onuben-
ses (García Sanjuan 2002 a; b; 2003), sí permite al
menos rastrear su continuidad11. y en algún caso, el
la órbita bárcida durante la Segunda Guerra Púnica, que se
vería explícitamente reconocida en la forma de reproducir
a los jinetes, con escudo y avance hacia la izquierda, lo cual
no es frecuente en otros talleres monetales de la Ulterior,
donde lo habitual es encontrar el tipo jinete pero con avance
a la derecha (por ejemplo Carmo, o la cercana Ilipla), de
lo que se deriva que esta ceca respondería más a ambientes
“africanizados”, que a otros de carácter heleno-púnico, pro-
pios de la Bética, caso de la propia Malaca (Mora Serrano,
2000, 163; 2007, 425).
11 En la ya clásica monografía sobre la Niebla Mu-
sulmana, F. Roldán aporta de forma resumida las prin-
cipales referencia al topónimo Ţalyāţa en las fuentes ára-
bes (1997, 297-298), siguiendo a su vez las indicaciones
realizadas anteriormente por R. Valencia (1988, 223-226)
sobre el tema: [.. ] Ibn al-Qūţiyya, informa sobre una
incursión llevada a cabo por Ibn Marwān alYillīquī
al hisn de Ţalyāţa. Ibn al-Abbār indica que ʿAbd al-
ʿAzīz al-Bakrī, después de abandonar sus territorios
de Huelva y Saltés marchó por el iqlīm de alBaşal y
Tejada en su camino hacia Córdoba. El Botánico Anó-
nimo utiliza dicho enclave como punto de referencia
al mencionar la Bassāna de Abū ʿImram como “una
de las aldeas de Ţilyāţa”, Ibn Jaldún por su parte,
lo menciona al indicar que los habitantes de Tejada
presentaron sumisión a las tropas almohades antes de
que aquéllas entraran en Sevilla. […].
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vanas” entre Sevilla y Niebla, que se cubría en dos
etapas de veinte millas cada una.
En lo tocante al periodo de la tna, la más an-
tigua referencia habla de la incursión protagoniza-
da por Ibn Marwān al-Ŷilliqī, destacado rebelde
muladí del occidente andalusí, quien, a nales del
gobierno del emir Muhammad (238-273 H/852-
886), llevó a cabo una campaña sobre la zona de
Sevilla, en cuyo transcurso saqueó la fortaleza (
hișn
)
de Ţalyāţa, internándose a continuación en la cora
de Niebla.
La segunda noticia es posterior y debe fecharse
en el año 276 H/889-890, es decir, ya en época del
emir ΄Abd Allāh, cuando la tna alcanzó su punto
álgido. Kurayb b. Jaldūn, jefe de los yemeníes se-
villanos, y el beréber Ibn Wahb de Carmona, ani-
maron a los beréberes de Mérida y Medellín a atacar
la cora de Sevilla. El gobernador de la capital hispa-
lense salió a su encuentro, pero los bereberes se ade-
lantaron y lograron hacerse con la aldea de Ţalyāţa
que convirtieron en su campamento y desde donde
durante tres días se dedicaron a saquear y pillar el
territorio, logrando obtener un cuantioso botín14.
En denitiva, todas las referencias sobre Ţalyāţa
relativas a la época del emirato tienen un carácter
puntual y se reeren al siglo IX, informando sobre
unos hechos en los que dicha localidad aparece como
el escenario de acciones de saqueo y violencia, en un
caso motivado por las incursiones normandas y en
los otros dos por las acciones de los rebeldes de la
época de la tna. Ello parece mostrar la imagen de
un núcleo de gran relevancia en el contexto territo-
rial en el que se inserta y de cierto valor estratégico
respecto a la posición de la capital sevillana.
Tras estas noticias, los siglos X y XI, dominados
por el califato, las taifas y el gobierno almorávide,
representan la fase menos conocida de la historia
de Ţalyāţa, debido a la ausencia de referencias
textuales. Será a partir de mediados del siglo XII
cuando dicho núcleo recupere cierto protagonismo,
y sea mencionado en relación con acontecimientos
de diversa naturaleza, por un lado, vinculados con
el propio momento de inestabilidad que afectó a
Ţalyāţa y por otro, con las incursiones cristianas,
de las que esta fue objetivo preferente desde media-
dos del siglo XII, prólogo a su conquista nal por
14 “En la misma época del IX, Aben Meruán, con su
ejército, hizo una correría por el territorio de Sevilla de-
predó el castillo de Tejada, asolando desde él los distritos de
Sevilla y Niebla” (González González, 1951, reed. 1981, Vol.
I, 148).
los cristianos a mediados del XIII, y su posterior
despoblamiento.
Así, Ibn al-Abbār indica que ‘Abd Allāh b.
‘Abd al-Azīz al-Bakrī, después de vender a al-
Mu’tadid de Sevilla su señorío de Huelva y Saltés
pasa por el iglīm de alBaşal15 y Tejada en su ca-
mino hacia Córdoba (Roldán, 1997, 298). En otros
diccionarios biográcos andalusíes hallamos la refe-
rencia a un personaje que muere en el hisn Ţilyāţa
en el 449/1057, y en 578/1182, a otro originario de
Mértola, que vive en Ţilyāţa (Valencia Rodríguez,
1988, 224). En este sentido, resulta curioso cuando
menos que una obra fundamental para conocer el
territorio de Garb al-Andalus, como el Nuzhat
almustaq ’khtiraq al-afaq o Libro de Roger
15 Aunque se ha indicado la pertenencia de este núcleo
al distrito de alBaşal, no obstante, sus relaciones con el
distrito de al-Šaraf son evidentes. En principio y partiendo
de la conguración geográca del Aljarafe actual, Ţalyāţa,
no formaría parte de esta comarca. Cuestión distinta es si
se integraba dentro del Aljarafe tal y como los propios au-
tores árabes denían este territorio, lo cual exige tomar en
consideración que el mismo aparece en las fuentes árabes
bajo una doble caracterización, administrativa y geográca
o comarcal. Dentro de la conguración administrativa de la
cora de Sevilla, los autores árabes designan con el nombre
de al-Šaraf uno de los doce distritos (aqalim, sing, iqlim)
que integraban dicha cora. Sus límites, como los de cual-
quier otra demarcación administrativa andalusí, son difíci-
les de precisar, por cuanto en las fuentes no existen datos
sucientes ni de la concreción requerida para ello. De esta
forma, los autores que se han acercado al estudio de este
tema aportan distintas reconstrucciones de las dimensiones
de esta demarcación. En cualquier caso, Ţalyāţa no forma-
ba parte del distrito aljarafeño, sino del de alBaşal, según
indica el cronista Ibn Hayyān, quien ofrece la primera cita
cronológicamente hablando (Roldán, 1997, 298), al aludir a
ciertos sucesos acaecidos en el año 276 H/889-890 (concre-
tamente cuando reere el ataque de los beréberes de Mérida
a la qarya de Ţilyāţa, durante las rebeliones ocurridas en
la época del emir Abd Allāh, siendo la única referencia
explícita de que disponemos sobre la adscripción adminis-
trativa de Ţalyāţa, correspondiéndose este distrito con el
Campo de Tejada. No obstante, parece haber motivos su-
cientes para considerar que, si bien desde el punto de vista
administrativo ésta quedaba fuera del distrito del Aljarafe,
en cambio sí que se integraba dentro de la comarca geográ-
ca del mismo nombre, cuya extensión era superior a la de
la demarcación administrativa, al menos según algunos tes-
timonios. El primero, la narración sobre al-Mundir, uno
de los partidarios del rebelde Ibn Qasī de Mértola, quien
se apoderó de Aznalcázar y Ţalyāţa “distritos del Aljarafe
sevillano” (min a’ māl Šara-hā); el segundo que se reere
a un personaje fallecido en 626 H/1229, del que su biógrafo
señala: “sevillano, originario de la zona de Ţalyāţa, perte-
neciente al Aljarafe”.
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(Kitab Rudjar) de al-Sharif al-Idrisi no incluya
a esta población en el itinerario que desde Sevilla
y hacia el oeste llegará hasta la desembocadura del
Guadiana pasando por Nabla (Niebla), Huelva y
frente a ella la isla de Saltes. Creemos que los proble-
mas de conservación del mapa original han podido
ocultar éste y otros muchos topónimos que hasta
el momento no han podido ser identicados con
plena seguridad (Piqueras y Fansa, 2008, 472). No
en balde, la propia composición de la descripción a
la manera de un itinerario, recuerda extraordina-
riamente a los datos del Itinerario Antonino y del
Anónimo de Rávena que, en esencia, reproducen
los mismos lugares y en el mismo orden, caso de
Niebla, Huelva y la desembocadura del Guadiana,
por lo que entendemos que las dicultades de trans-
cripción del original explicarían la ausencia de este
enclave en el mapa de la zona.
Ya en el siglo XIV, la obra Rawd al qirţās de
Ibn Abī Zar’ ofrece noticias del asalto de Alfonso
IX de León contra la ciudad de Tejada, donde se-
gún el autor “mató a muchos musulmanes”(Huici
Miranda, 1964, 524)16, hecho igualmente valorado
por J. González en su obra sobre el repartimiento
de Sevilla17. También en este siglo, una obra anóni-
16 El año 622 (13-I-1225 / 1-/-1226) se sublevó
al Sayyid Abū Muhammad, el Baezano, en Baeza; se
proclamó y entregó a los cristianos Baeza y Quesada;
el enemigo se apoderó de Carmona [en nota 10 al pie dice:
Nueva errata] en la provincia de Murcia, mató a todos
los que la ocupaban y cautivó a las mujeres y niños. El
Baezano dio a Alfonso el castillo de Andújar, Murtar-
zar y Garcíes y Aznatoraf y cerca de veinte fortalezas e
innumerables torres; Alfonso se apoderó de Marballa,
entró en Tejada por asalto y mató a muchos musul-
manes; también murieron cerca de 10.000 hombres de
Sevilla que acudieron a socorrer Tejada; perecieron
también multitud de murcianos que salieron en auxilio
de Dalías y fueron derrotados y muertos por el enemigo;
en estas derrotas murieron tantos almohades de Sevilla
y Murcia que quedaron las mezquitas y los mercados
desiertos (Huici Miranda, 1964, 524).
17 Según J. González (1951/1981, Vol I. 159-160) ..ese
año Sevilla sufrió amargos apuros. En la primavera
[de 1225] los cristianos habían ido por el Algarbe hacia
Tejada. Después de las razias de verano por la alta An-
dalucía, los castellanos que estaban al servicio del rey
de Baeza y otros de la frontera, en total acaso 20.000
hombres, se dirigieron contra Sevilla; tomaron al asalto
Talyata, matando a muchos musulmanes; en defensa
de ésta salieron los de Sevilla, pues de ella dependía;
en el llano del Al-Kasr (Facialcázar?), los combatien-
tes sevillanos sufrieron un desastre que les costó 2.000
bajas o más, tantas que se notó el descenso en la concu-
ma,
Ḏikr
, habla de la ciudad de Tejada deniéndola
como “antigua, de aspecto maravilloso y construc-
ción extraordinaria. La fundaron los Išbān. Cuenta
con baños magnícos, zocos hermosos y una fuerte
muralla” (García Sanjuán, 2003, 230).
Un siglo después, el geógrafo Ibn Abd al-Mu-
nim al-Himyarī también nombra una Ţalyāţa
identicada con Tejada en su obra Kitab al-Rawd
al Mi’tar  ajbar al-aqtar (Edic. Lévi-Provençal,
1938), situada en un lugar equidistante a 20 millas
aproximadamente entre Sevilla y Niebla (Roldán,
1997, 298; Gálvez, 1978,17), donde de nuevo se na-
rran los enfrentamientos entre almohades y cristia-
nos que ya transmitía Ibn Abī Zar’. Para Lévi-
Provençal, independientemente de la existencia de
varios lugares que portaron el mismo topónimo, no
hay duda de la ubicación de la Ţalyāţa escenario
de estos acontecimientos (Lévi-Provençal, 1938,
155-156)18.
Al igual que otros hechos relativos a este lugar,
la conquista cristiana de Ţalyāţa tampoco es
exenta de discrepancias entre los autores que se
han aproximado a este episodio. Sólo disponemos
de dos testimonios, uno árabe y otro castellano so-
bre esta conquista. La única alusión procedente de
fuentes árabes la suministra Ibn Jaldūn, quien, de
manera sucinta, arma que el rey de Castilla tomó
Ţalyāţa de manos de Ibn Kumāša.
rrencia de mezquitas y mercados de la ciudad. […] En
el mismo año [1226] se enderezó la estrella de Abulola.
Recobró Tejada y Aznalcázar y venció a Muhammad de
Baeza, cuya vida se extinguió poco después, así como
la independencia de su reino, que pasó a poder de los
castellanos.
18 121. ŢALYĀŢA = TEJADA (6)
Dans al-andalus, à une étape de vingt milles de Sé-
ville. Il y a une étape de même distance entre Tejada et
Niebla. En gumādāI de l’année 622 (mai-juin 1225), les
Sévillans subirent une défaite dans la plaine (fahs) de
Tejada (1).
Para la nota (6) de la página 155, Lévi-Provençal se ma-
niesta en los términos siguientes: Sur ce despoblado situé
à une treintane de kilométres au Nord-Ouest de Séville,
cf. sourtout DOZY, Rech.3, I, p 308-310. Le même to-
ponyme s’applicait à deux autres localités ainsi qu’à un
endroit (Tablada, aunjourd’hui champ d’aviation) de la
banlieu inmédiate de Séville.
En cuanto a la nota (1) de la página 156 aporta la si-
guiente referencia textual para la localización de este em-
plazamiento: “IBN HALDŪN, Hist. des Berbères, trad.,
II, p.232, mentionne sans détails une défaite de l’armée
almohade à Tejada.
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Más completo, aunque no demasiado preciso, es
el testimonio de la Crónica de Alfonso X, que atri-
buye la conquista de Tejada al rey sabio y la explica,
al igual que la toma de Niebla, como consecuen-
cia de la inseguridad que para la recién conquista-
da Sevilla representaba la presencia musulmana en
núcleos tan cercanos como Ţalyāţa y Niebla. La
Crónica no aporta fecha sobre los hechos y se limita
a indicar que la villa era gobernada por un “rey” lla-
mado Hamet, quien, tras un corto asedio, se rindió
a cambio de poder marchar seguro, dirigiéndose al
otro lado del Estrecho (García Sanjuán, 2003, 28).
Al igual que para el caso de las incursiones nor-
mandas en el sitio, no hay plena unanimidad acerca
de su toma cristiana. Así J. González (1951) se incli-
na por considerarla obra de Fernando III, a partir
del hecho de que desde la conquista de Sevilla tanto
Niebla como Tejada fuesen tributarias de Fernando
III, de modo que el mencionado Hamet pudo ser
uno de los caudillos sevillanos que rmaron la capi-
tulación de 124819. Pero, la historiografía posterior,
19 La conquista de Tejada no se hizo en tiempo de
Alfonso X: se dice que éste, en 1253, tomó Tejada, defen-
dida por un moro llamado Hamete, por parte del cual
Sevilla recibía daño (Crónicas de los reyes de Castilla
desde don Alfonso el sabio hasta los católicos don Fer-
nando doña Isabel. B. A. E., 1919, t. 66, pág 4). No
consta la fecha en que se incorporó Tejada con su alfoz:
lo probable es que cayese con Sevilla o un poco después.
Desde luego la ganó Fernando III, quien dejó estable-
cida la frontera con el reinecillo de Niebla; en la parte
del repartimiento que ejecutó asentó por lo menos 65
almogávares y almocadenes en los campos y población
de Tejada, así como en las alquerías de ésta, en con-
creto Gelurauz, Benaque y Manzanilla (II-37 y Col.
123 y 124). Lo más probable es que se entregase me-
diante capitulación o acaso por pacto, evacuándola la
mayor parte de los musulmanes; con eso se justica el
asentamiento de cristianos; es posible que los restantes
emigrasen al comenzar su reinado don Alfonso; eso ex-
plicaría el compromiso de ése para con el señor o reye-
zuelo de Tejada, al que dio, sin duda en compensación
de su pérdida, una heredad que compró expresamente
para él, la del Callit, que anteriormente durante el mis-
mo repartimiento se había dado a Orti Ortiz al cual a
cambio dio el rey otra en Alcalá de Tejada (I-46). La
reforma de don Alfonso pudo consistir en evacuar los
moros restantes, como hizo luego en Morón, mediante
buena compensación al jefe de los mismos, y tal vez sea
la única base de la conquista de Tejada que le atribuye
esa desacreditada crónica, seguida por algunos auto-
res, pues por otras fuentes, en concreto un documento se
sabe que la primera conquista del reinado de Alfonso X
fue Niebla (González González, 1951, reed. 1981, Vol I. 213-
214, nota al pie 214).
de manera unánime, se inclina por atribuir la toma
de Tejada a Alfonso X, con base en la credibilidad
que merece el relato de la Crónica homónima, se-
gún la cual la primera acción militar de este monar-
ca en 1253, tras la muerte de su padre, fue el asedio
y conquista de Tejada, “venciendo a Hamet, su
rey; y ganado [el lugar] se lo dio a esta ciudad
(de Sevilla) por sus propios, texto recogido por
el cronista Espinosa de los Monteros en 1630. Gon-
zález Jiménez fecha la caída de Ţalyāţa antes de
la primavera de 1253, “ya que el Iº de mayo de ese
año, al efectuarse el repartimiento de Sevilla, Tejada
fue incluida dentro del territorio repartido”20. Con
todo, parece que el proceso de reconquista del terri-
torio onubense es de los menos conocidos de todo
el occidente de al-Andalus siendo así que no hay
pleno consenso ni en las propias fuentes ni por ello
entre los diferentes especialistas en lo que respecta
a algo tan fundamental como la propia cronología
de los hechos ocurridos, de tal modo que salvo la
fecha asegurada de la conquista de Niebla por Al-
fonso X en 1262, las relativas a otros lugares como
Tejada, Ayamonte o la zona serrana “no dejan de
ser conjeturas más o menos fundadas” (García
Sanjuán, 2003, 112). No obstante, dado que Tejada
formó parte de los territorios incluidos en el repar-
timiento de Sevilla que comenzó el 1 de mayo de
1253, habría que situar la conquista entre el acceso
al trono de Alfonso X -1252- y la anteriormente
referida (García Sanjuán, 2003, 118).
El análisis de la terminología que suministran
estos escasos testimonios (García Sanjuán, 2002 a,
38; 2003, 264-265) permite constatar que Ţalyāţa
aparece, en distintos contextos históricos, vincula-
da a los tres conceptos principales del poblamiento
en al-Andalus, aldea, fortaleza y ciudad. De las
seis veces en las que el topónimo aparece asociado a
un concepto poblacional, las fuentes atestiguan un
superior índice de frecuencia de los relativos al ám-
bito rural,
hișn
(dos veces, Ibn al-Qütiyya e Ibn
Baškuwāl) y qarya (tres veces, Ibn Hayyān e Ibn
20 Ésta es la referencia literal que se contiene en el ín-
dice geográco de la obra sobre el Repartimiento de Sevilla
(González González, 1951, reed. 1981, Vol II, 488): Tejada,
la Talyata que gura en cronistas musulmanes, en los
que la forma puede confundirla con Tablada. El Casti-
llo de Tejada fue conquistado por Aben Meruán (Abe-
nalcoitia, p.4 y 94); al conquistar Fern. III Sevilla no
entró en su suerte, independizándose sin duda median-
te pacto con ese rey, quebrantado poco después, ya que
consta que Alf. X la reparte con Sevilla, como uno de sus
distritos. […].
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‘Isārī), mientras que sólo el anónimo
Ḏikr
incluye
el término ciudad, lo que, en principio, remite a una
población de carácter predominantemente rural
(García Sanjuán, 2002 a, 36). La asociación de es-
tos tres conceptos a un mismo topónimo es un caso
bastante excepcional en las fuentes árabes. A pesar
de su aparente diversidad formal, los testimonios
recogidos en éstas resultan, en realidad, bastante
homogéneos, remitiendo a un núcleo de carácter
esencialmente rural (Valor, 1994, 648)21, cuyo ca-
rácter urbano debía estar ya muy atenuado, como
acredita el hecho de que su única mención como
ciudad sea en términos de entidad mediana, limi-
tándose, en la práctica, a servir de mercado local
a las pequeñas aldeas colindantes y a su condición
de núcleo forticado. Pero para otros no obstan-
te, las ruinas islámicas de Tejada la Nueva habrían
de identicarse con una madīna de mediana ex-
tensión (Jiménez, 1977) y no con un hisn (Pavón,
1996, 43; 1999, 201)22.
En todo caso, la propia indenición que el térmi-
no hisn/husun23 presenta en las fuentes escritas, en
lo relativo a su forma, funciones o extensión terri-
torial, unida al hecho de que un mismo lugar, puede
ser nombrado de diferentes formas en éstas, creemos
que permite seguir manteniendo el carácter urbano
para este enclave, heredado del periodo anterior, aun
cuando lógicamente la falta de investigaciones en
su interior impide por el momento la contrastación
de elementos fundamentales en su organización in-
21 Para M. Valor, Tejada formaría parte del grupo de
Castillos de Gran Tamaño –el otro sería el de las fortica-
ciones simples-, incluido en el conjunto de Forticaciones
Rurales del Reino de Sevilla –el otro en el de las Cercas Ur-
banas-, que realmente presentan las mismas defensas que las
urbanas, aunque la supercie que protegen es más reducida
(Valor, 1994, 648).
22 Tejada la Nueva tiene otro castillo de muros y
torres macizas de tapial con mechinales, sin duda uno
de los más antiguos de la provincia onubense […] Los
tapiales descansan en zócalo de mampostería que algu-
nos autores creen que es resto de la muralla romana ..
(Pavón, 1996, 43). “HUELVA […]. Castillos identicados
con restos árabes […] Castillo de Tejada la Nueva (mu-
ros y torres de tapial árabes) ….(Pavón, 1999, 201).
23 Al respecto resulta interesante la reexión de Pavón
(1999, 173) donde se trata con claridad hasta qué punto el
término es ambiguo en las fuentes y como su propia trans-
misión entre los diferentes cronistas fue producto en la ma-
yor parte de las ocasiones de la copia directa de un término
cuya denición real en determinado momento podría estar
aplicándose erróneamente (caso de una madīna convertida
en fortaleza o viceversa).
terna, caso de la mezquita aljama, indispensables en
principio para su consideración como madīna.
Por su parte, la cartografía es igualmente clara
respecto de la denominación de Tejada para el en-
clave al que se ha añadido el epíteto de “la Nueva”,
no constando ninguna referencia a otro enclave con
la denominación de Tejada la Vieja.
Así lo vemos por ejemplo en 1606, en el Mapa de
Andaluziae Nova Descript.[io], de Iodocus Hon-
dius, que incluye a Tejada junto a la poblaciones de
Escacena, Spiterna (Paterna), Mancanilla (Manza-
nilla), La Palma o Villalua (Villalba) (Fig. 3).
Cuadro décadas después, en el mapa Andaluzia
continens Sevillam et Cordubam, edición fran-
cesa publicada en 1640-1650 a partir del Theatrum
du Monde au Nouvel Atlas, de Willen Bleau,
seguimos encontramos Tejada, como población
sincrónica de otras villas como Escacena, Spiterna
(Paterna), Manzanilla o La Palma (Fig. 4). Situa-
ción similar puede encontrarse casi un siglo des-
pués, cuando en el mapa Li Regni di Granada
e D’Andalvcia, elaborado por Cesare Michel An-
gelo d’Avalos en 1696, aparece la referencia a Te-
jada, identicada con el símbolo de una torre, po-
siblemente correspondiente con la ermita de Santa
Ana24.
24 A ello se reere en 1883 J. Alonso Morgado cuan-
do trata sobre el origen de la antigua imagen de la Virgen
Figura 3. Superior: Vista completa del mapa Andaluziae
Nova Descript.[io], de Iodocus Hondius (1606), con indi-
cación de la localización de Tejada. Inferior: Detalle del
anterior. (https://www.ign.es/web/catalogo-cartoteca/
resources/html/002955.html).
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Casi un siglo después y como novedad, en el
Mapa del Reyno de Sevilla: dibidido [sic] en su
Arzobispado, Obispado y Tesorerias (1767) He-
cho sobre el que publico el Yngeniero en Gefe
[sic] D. Francisco Llobet; Dedicado al Exmo. S.D.
Antonio Ponce de Leon, Spinola de la Cerda; por D.
Thomas Lopez pensionista de S. M., ya encontra-
del Sagrario, venerada en la iglesia parroquial de San Bar-
tolomé de la villa de Paterna del Campo: …En efecto, asi
lo demuestra su procedencia, puesto que consta de au-
torizados documentos, haber sido la titular de la pri-
mera Iglesia que hubo en la antigua villa de Tejada,
despoblada hace ya mas de tres siglos, situada como á
media legua de Paterna, entre el Oriente y Norte de su
término, internándose en dirección hácia Sierra More-
na. Aquella población fué de importancia en tiempo de
los árabes, como lo acreditan los restos de sus fortalezas
y otras muchas ruinas de edicios, que aun todavía dan
testimonio de su pasada magnicencia. Era capital de
su comarca, y tenía Walí ó Rey, como Niebla, extendién-
dose su jurisdicción á muchos lugares y alquerías de
su término, que se mencionan en el repartimiento de la
Conquista. Esta la hizo S. Fernando en 1248, y rebela-
da poco tiempo después, la reconquistó su hijo D. Alon-
so el Sabio. Así lo consigna Ortiz de Zúñiga en sus Ana-
les de Sevilla, el año de 1203, con estas palabras: «La
vecindad de los moros de Tejada, que no observaban
el vasallaje con que los dejó San Fernando, obligó al
Rey este año á conquistarlos de nuevo; su rey se llamaba
Hamet, que sin mucha resistencia se rindió á partidos,
y pasó á Africa, con que se allanó toda aquella comarca
hasta Niebla, poblada de lugares y alquerías, en gran
número.. (Alonso Morgado, 1883, 372).
mos la denominación de Tejada junto con Escacena
y Paterna acompañadas de la expresión “del Cam-
po” (Fig. 5).
No será hasta la elaboración del Diccionario
Geográco de España de Tomás López25, men-
cionado con anterioridad, cuando se encuentre por
vez primera referencia sobre la existencia de un nú-
cleo antiguo abandonado a una legua al norte de la
“ciudadela de Tejada”, con el que se establecerá una
conexión directa pero sin mayores detalles y re-
presentada en plano (Fig. 6), según la respuesta que
para la elaboración del mismo aportará el párroco
de Paterna.
El mismo Tomás López, confeccionará en 1781 el
mapa Sevilla Regnum in suos Archiepiscopatos
Episcopatos et Praefecturas divisum, que man-
tiene el topónimo de Tejada, junto a los de Paterna
del Campo y Escacena del Campo26, pero una déca-
da después, en otro plano de 1790, del mismo autor,
ya no se incluye Tejada, pero sí Escacena y Pater-
na27. La misma situación encontraremos en otros
planos posteriores que se publican fuera de España,
tomando como referencia este último de T. López,
en los que ya no será visible Tejada, en benecio de
Escacena y Paterna28. A mediados de siglo algunos
25 Manuscrito completo accesible a través de la Bi-
blioteca Digital Hispánica: https://bdh.bne.es/bnesearch/
detalle/bdh0000013284. También publicada la información
relativa a los actuales pueblos de la provincia de Huelva por
Ruiz González, 1999.
26 https://www.ign.es/web/catalogo-cartoteca/resour-
ces/html/027074.html,
27 Neueste Generalkarte von Portugal und Spa-
nien: nach den astronomischen Beobachtungen ind
karten des Herrn 1790 Tomás López https://www.ign.
es/web/catalogo-cartoteca/resources/html/030583.html
28 Carte de l’Espagne et du Portugal d’apres Lopez,
Figura 4. Detalle del mapa Andaluzia continens Sevillam
et Cordubam (1640-50), con localización de Tejada junto
con Escacena, Spiterna (Paterna), Mancanilla (Manzani-
lla), Villalua (Villalba), La Palma, Hinojos y Alcalá, entre
otras villas. (https://www.ign.es/web/catalogo-cartote-
ca/resources/html/017044.html).
Figura 5. Vista completa y detalle del Mapa del Reyno
de Sevilla: dibidido [sic] en su Arzobispado, Obispado y
Tesorerias (1767), con indicación de Tejada y las villas de
Paterna y Escacena, ya nominadas “del Campo”. (https://
bvpb.mcu.es/es/consulta/registro.cmd?id=422932)
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otros planos continuarán incluyendo a Paterna y
Escacena, no así a Tejada29, mientras que en otros,
sí encontramos referencias a esta última30.
Parece que el abandono de Tejada, se explicita
claramente en el plano de la provincia de Huelva
realizado en 1870 por Francisco Coello para el Dic-
cionario Geográco Estadístico Histórico de
Pascual Madoz, en el que “Las Ruinas de Tejada”
se disponen en línea con la Vereda de la Carne y a
los pies del Arroyo de Tejada.
1806, publicado en 1807 en Viena por la empresa empresa
Artaria & Compagnie, https://www.ign.es/web/Bibliote-
caIGN/912-384_04.jpg
29 Casos del Plano de 1850 de la Provincia de Huelva,
en el Atlas de España de Bachiller. Y del Mapa de Huelva de
1870 , de D. Martín Ferreiro; R. Alabern lo gº., pertenecien-
te al “Atlas Geográco de España, islas adyacentes y Pose-
siones de Ultramar” realizado por Martín Ferreiro y Peralta.
http://www.ign.es/web/catalogo-cartoteca/resources/
html/028378.html
30 Sevilla y Huelva (Provincias). Mapas generales. 1853.
Alabern i Moles, Ramón / Mabon, E.
http://www.ign.es/web/catalogo-cartoteca/resources/
html/002940.html
Ya a nes de siglo, en 1892, se publica31 el Nue-
vo Mapa Geográco Estadístico de la Provincia
de Huelva, Ilustrado con varias vistas tomadas
directamente de fotografías de los más notables
monumentos de ella, Por D. José Carrasco Pa-
dilla dedicado á la Excma Diputación Provin-
cial y Subvencionada por dicha Corporación, en
el que por vez primera encontramos la referencia a
las “Huertas de Tejada”, sin que conste ningún otro
topónimo que aluda al despoblado (Fig. 7) . Pero,
curiosamente en el Mapa de Huelva, de 1910, per-
teneciente a la obra España Regional, de Benito
Chias, Ingº. de nuevo aparece Tejada, junto a Es-
cacena y Paterna, y al borde del arroyo del mismo
nombre32.
Recapitulando pues, de lo visto en las páginas
anteriores se deriva la ausencia de referencia algu-
na al topónimo Tejada33, en las fuentes epigrácas,
numismáticas, o textuales clásicas, latinas o islámi-
cas, habiendo de esperar hasta la conquista cristina
y el posterior repartimiento para localizarla en la
documentación relacionada (González González,
1951/1981; González Jiménez, 1991, coord.)34, cuan-
31 http://www.ign.es/web/catalogo-cartoteca/resourc-
es/html/003207.html
32 http://www.ign.es/web/catalogo-cartoteca/resourc-
es/html/031702.html
33 Mª D. Gordón y S. Ruhstaller (1992, 431-432), plan-
tean la derivación del topónimo Tejada del término islámico
Talyáta, a su juicio, continuación mozárabe de una deno-
minación romana, Tegulata, e indicativa de la existencia de
sitios que albergaban una antigua habitación.
34 E [en] aquel tiempo los moros tenían Niebla e Te-
jada e el Algarbe. Et por esto aquella cibdat de Seuilia
estaua muy guerreada e non segura et los pobladores
Figura 6. Diccionario Geográco de España de Tomás
López, (1762), con indicación de la “ciudadela de Teja-
da”, y “Tejada la Vieja”, al norte de la anterior. (https://
bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000013284).
Figura 7. Vista completa y detalle del Nuevo Mapa Geo-
gráco Estadístico de la Provincia de Huelva, Ilustra-
do con varias vistas tomadas directamente de fotogra-
fías de los más notables monumentos de ella (1892),
con mención a las “huertas de Tejada”. (https://www.ign.
es/web/catalogo-cartoteca/resources/html/003207.html).
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do el topónimo se extenderá más allá del núcleo ha-
bitacional original (Ituci/Tucci romana, Ţalyāţa
islámica), para, con el tiempo, dar nombre a una
comarca especíca de clara vocación aljarafeña,
Campo de Tejada, aun cuando en época andalusí
Ţalyāţa no pertenecía al iqlim de al-Šaraf –uno
de los doce distritos de la cora de Sevilla-, sino al
de al-Başal, según indica el cronista Ibn Hayyān,
quien ofrece la primera cita desde el punto de vista
cronológico (Roldán, 1997, 298), al aludir a ciertos
sucesos acaecidos en el año 276 H/889-890, concre-
tamente cuando reere el ataque de los beréberes de
Mérida a la qarya de Ţilyāţa, durante las rebeliones
ocurridas en la época del emir Abd Allāh, siendo la
única referencia explícita de que disponemos sobre
la adscripción administrativa de Ţalyāţa, corres-
pondiéndose este distrito con el Campo de Tejada.
No obstante, parece haber motivos sucientes para
considerar que, si bien desde el punto de vista admi-
nistrativo ésta quedaba fuera del distrito del Aljara-
fe, en cambio sí que se integraba dentro de la comar-
ca geográca del mismo nombre, cuya extensión
era superior a la de la demarcación administrativa,
al menos según algunos testimonios.
En la historiografía moderna, y aunque el
ilustre R. Caro (1634) no relacionará la Tucci del
Itinerario Antonino con Tejada, sí lo hará el Pa-
dre Henrique Flórez, cuando en el Tomo XII de
su España Sagrada (1776, 55-56), al tratar sobre
la Iglesia Eleplense se detiene en el comentario de
Tucci (Tratado XXXVI. Capítulo II: “Del sitio de
la silla episcopal, y de algunos pueblos antiguos de
su diócesis”), señalando que las millas indicadas por
el Itinerario coincidían con un despoblado llamado
Tejada, Ţalyāţa durante el periodo andalusí, que se
del la eran muy corridos de los moros muy a menudo e
recebían muchos dannos. Et el rey don Alfonso, por le
redrar algunos de aquellos moros, fue sobre Tejada. E
teníala un moro que se llamaua rey e dezíanle Hamet.
Et este rey moro, veyendo cómmo era de tan poco poder
que non se podía defender al rey don Alfonso, después
de poco tiempo que fue cercado enbió pedir al rey que le
dexase salir a saluo a él e a todos los que estauan [con
él] en aquella villa et que gela entregaría. Et el rey tóuo-
lo por bien e aquel moro salió al rey don Alfonso e en-
trególe la villa. Et el rey mandó poner a saluo todos los
moros dende. [Et este moro pasó allen la mar. E después
quel rey don Alfonso ovo cobrada esta villa de Tejada
fue a otros lugares que los moros tenían acerca et tomó-
los e fuese para Sevilla. Et el lugar de Tejada e los otros
que auya ganado estonces diólos todos por término de
Seuilla (Crónica de Alfonso X, García Sanjuán, 2003, 28).
hallaba en Escacena del Campo, provincia de Huel-
va, y a no mucha distancia del límite de ésta con la
provincia de Sevilla. Ya, incluso en el Tomo IX de
la obra (1752), incluye el Padre Flórez un mapa de
la Bética Antigua con sus montes. Ríos i Pue-
blos conocidos donde aparece reejado un núcleo
de nombre Tucci entre los ríos Tinto y Guadiamar.
No adoptará la misma posición en su Tomo II de las
Medallas de las Colonias, Municipios y Pueblos
Antiguos de España (1758; Tomo II, 487), donde
reconocía las monedas con leyenda ITVCI, pero no
se relacionaban con la Tucci del Itinerario Anto-
nino, sino con la Colonia ITVCI VIRTVS IVLIA
del Conventus Astigitanus.
Tampoco la cartografía de la época incluirá esta
dualidad poblacional o en su defecto, acompañará la
referencia a Tejada, cuando ésta aparece, de ningún
epíteto relativo a su mayor o menor antigüedad, y
así se encuentra desde 1606, a través de diferentes
ejemplos que se mantienen hasta 1910. La única
excepción a ello la encontramos en 1795 cuando el
párroco de Paterna, preguntado por Tomás López
para la elaboración de su diccionario, aluda por vez
primera a “una antigua ciudad de Tejada”, situa-
da a distancia de lengua y media de la villa de
Paterna, y que se extendía sobre tres montes, en
el principio de Sierra Morena, cuyos moradores,
por causas que ignoramos, se trasladaron a la
campiña, media legua de distancia de Paterna
y una de su antigua situación, donde se hicie-
ron fuertes, circundando su población con unas
murallas que aún en el día publican sus con-
sistencia. Así, será ésta la primera referencia sobre
la existencia de una doble Tejada, ocupada por los
mismos pobladores en diferentes emplazamientos y
momentos, pero sin aportar mayores detalles sobre
la causa y fecha concretas del proceso.
A partir de aquí, y con el deseo propio de los
ilustrados de tradición decimonónica, el erudito lo-
cal Silverio Escobar y Salazar (1910, 27) se encarga-
rá de defender la antigüedad, y con ello prestigio,
de su lugar de origen, redundando sobre esta dua-
lidad y hablando de una “Tejada la Vieja”, especie
de fortaleza prehistórica, que habría sido llamada
por Ptolomeo como Tucci Vetus y que sería el nú-
cleo primigenio de la Tejada propiamente dicha,
con la que tendría una “tradición ininterrumpida”,
siendo los propios Turdetanos, los que extenderían
más el poblado hacia la campiña y al llegar los
Fenicios encontraron ya un núcleo importante
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[reriéndose a Tejada la Vieja]. Es más, es el pro-
pio Silverio Escobar el que lanza la idea de que fue-
ron los fenicios los que, con vistas a protegerse de
los pobladores indígenas con los que comerciaban
y ante posibles ataques o problemas, ocuparon un
lugar, frente al enclave del primitivo y que poste-
riormente se convertiría en la Tejada que éste ya
bautiza como “la nueva”.
.. No obstante esta dominación pacíca,
no dejarían estos dominadores [se reere a
los Fenicios] de tomar precauciones para en
caso de guerra y eligiendo sitio adecuado,
frente a la fortaleza de los naturales, esta-
blecieron su centro de operaciones, ya en la
tierra llana en el camino más practicable
pasa su tráco; este sitio sería el que des-
pués fue la plaza ó fortaleza de Tejada que
llamaremos la nueva….
.. Con estos antecedentes tenemos ya ex-
plicados el origen del poblado de Tejada que,
á cinco leguas del Guadalquivir fue elegido
como punto de etapa y descanso para allí
pernoctar y salir al otro día con el alba…
(Salazar y Escobar, 2010, 22).
Son por lo tanto estas dos narraciones las res-
ponsables de la relación de dependencia que ha ca-
racterizado a ambos enclaves, pero que vista con
perspectiva y espíritu crítico, no se apoya en nin-
guna evidencia más allá de dos relatos, construidos
con el ánimo de ensalzar glorias pasadas de un lugar
de escasa relevancia política, económica y cultural
en el contexto en que se generan.
Por todo lo anterior entendemos que el topóni-
mo de Tejada habría de vincularse desde sus oríge-
nes prerromanos con el actual despoblado de Tejada
y aun cuando resulta tentador establecer una rela-
ción directa en la denominación de uno y otro en-
clave (Vieja/Nueva) tal y como se ha puesto de ma-
niesto anteriormente en relación con el traslado
de la población desde uno a otro lugar35, no existe
35 Aunque no sea descartable, no existe ninguna evi-
dencia de que este nombre surgiera en el sitio de Tejada la
Vieja y viajase con el contingente poblacional que hipotéti-
camente fue responsable del nacimiento de Tejada la Nueva
tras el abandono de aquélla. En este último sentido y sobre
la dependencia de una respecto de la otra (Blanco y Rothen-
berg, 1981; Fernández Jurado, 1987; Fernández et alii, 1993)
o incluso la intervención romana como responsable del pro-
ceso (González y Pérez, 1987; Muñiz Coello, 1990), existen
evidencia alguna que permita vincular a Tejada más
que con el lugar cuyo nombre revelan las acuñacio-
nes monetales que reproducen el nombre de la ceca,
ITVCI, posteriormente recogido en los itineraria
romanos bajo la forma TUCCI, y continuado en
época islámica bajo la forma Ţalyāţa.
El asEntamiEnto dE tEjada como modElo
dE poblamiEnto diacrónico dE las campiñas
suroccidEntalEs
Lo visto en las páginas anteriores muestra con
claridad que nos hallamos ante un enclave que aco-
gió un continuum poblacional que debió iniciar-
se a comienzos del primer milenio y se mantuvo
sin solución de continuidad hasta el principio de
la Modernidad, convirtiéndose así en núcleo he-
gemónico durante casi mil años, desde el Bronce
Final (Vidal Teruel, 1997, 2007; Campos et alii,
2013), y hasta su despoblamiento a comienzos del
siglo XVI, pero con un primer impulso claro a
partir de época turdetana, cuando la desaparición
de enclave tartésico Tejada “la Vieja” (centro meta-
lúrgico principal durante el período orientalizan-
te), consolidará un modelo agrícola y minerome-
talúrgico a través de la explotación de los recursos
agropecuarios y la comercialización de los recursos
mineros que le proporcionaba Aznalcóllar (Cam-
pos y Gómez, 2001). De su relevancia a partir del
siglo IV a.C. y en el contexto de la expansión pú-
nico gaditana por el suroeste peninsular, dan cuen-
ta además del registro cerámico, sus acuñaciones
monetales con leyenda y simbología oriental, algo
que comparten, en este último caso, las otras cecas
identicadas en el territorio al oeste del Guadalqui-
vir y que interpretamos en el marco del proceso de
reorganización territorial que desde Gades provo-
cará la desaparición de asentamientos hegemónicos
hasta el momento, caso de Cerro de la Matanza o
la propia Tejada (la Vieja), de modo que se asiste
a una reorganización del territorio heredado del
horizonte tartésico conforme a los principios mi-
litares, políticos y socioeconómicos heredados del
dicho horizonte pero dirigidos ahora desde el úni-
co centro que parece sobrevivir a la decadencia de
Tarteso, Gadir, cuyas formas cerámicas se expan-
opiniones en contra (Vidal Teruel, 1997; 2004; 2007; Cam-
pos y Vidal, 1999; 2003), habida cuenta de la existencia del
asentamiento con anterioridad al abandono del núcleo de
Tejada “la Vieja” y de las contradicciones cronológicas que
es posible observar entre uno y otro momento.
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den por los centros de la Tierra Llana onubense,
caso de Huelva, Niebla o la propia Tejada.
Igual o más signicación asumirá el sitio ya en
la fase romana, cuando el núcleo adquirió el estatus
urbano según se desprende de su presencia en las
fuentes textuales, numismáticas y epigrácas, a las
que se suma la evidencia arquitectónica de su circui-
to amurallado, que dada la inexistencia de investi-
gaciones más precisas al respecto, no es descartable
que fuese construido en época prerromana. Su base
se apoya en un podium de sillares de gran enverga-
dura completado en un segundo cuerpo con opus
caementicum forrado también de sillares sobre el
que se elevará, en época islámica una tercer cuerpo
de tapia que ampliará, hasta casi doblar su super-
cie, el tamaño del núcleo primigenio (Vidal Teruel,
2007, 210).
Precisamente en época islámica el enclave asu-
mió un gran protagonismo, según se desprende de
su presencia en las fuentes documentales (Huici
Miranda, 1964; Valencia Rodríguez, 1988; Rodán
Castro, 1997; García Sanjuán, 2002 a; b; 2003)
que informan de su denominación, Ţalyāţa, y
de su papel como cabecera de iqlim, o distrito de
al-Başal, destacándose su participación en acon-
tecimientos destacables, caso del ataque normando
al sur peninsular en el año 844 (al-Ahwani, 1965;
Gálvez, 1978) y durante la primera tna. Fue igual-
mente una plaza importante de resistencia ante la
conquista cristiana (Levi-Provençal, 1938) y adqui-
rió una gran revitalización a raíz de la repoblación
de lo que dan buena cuenta los datos contenidos en
el Diplomatario Andaluz de Alfonso X (Gonzá-
lez Jiménez, 1991, coord..) y el Libro del Reparti-
miento de Sevilla (González González, 1951/1981).
Precisamente, en dos pasajes de este último se deta-
llaba el repoblamiento de Tejada, según el cual fue-
ron 50 los caballeros y 72 los peones asentados en
este núcleo. Del mismo modo, el hecho de que todo
el Campo de Tejada se constituyese como tierra de
realengo da buena prueba de la importancia y ri-
queza que el territorio debió de ofrecer durante la
Baja Edad Media.
Respecto de los privilegios y concesiones reali-
zadas por Alfonso X, en 1253 el monarca concedió
a Tejada, Aznalcázar, Sanlúcar y otras dos villas los
mismos derechos y fueros que a los vecinos de la
propia Sevilla y se reservó para sí los almojarifaz-
gos de las citadas villas; dos años después, en 1255,
renunció a favor de Sevilla estos derechos de los al-
mojarifazgos de Tejada, privilegio que le fue conr-
mado a ésta al año siguiente (Herrera, 1987, 63). De
modo que con estas condiciones, parece que la villa
va a entrar con cierta ventaja económica en la Edad
Moderna. Su campo era extenso y producía gran-
des benecios lo cual favoreció que se erigiese como
cabeza de una vicaría eclesiástica del arzobispado
sevillano documentándose ya en 1352 un vicario
llamado Juan Simón que asistió al primer concilio
provincial de Sevilla. Paralelamente, la posesión y
disfrute de las tercias reales de los diezmos de su
vicaría provocaría ya a mediados de la siguiente
centuria conictos con los individuos de la familia
Estúñiga o Zúñiga, señores de la villa por un tiem-
po. De la actividad religiosa de la villa serían tes-
timonio las noticias que hablan de la existencia de
dos templos, uno dedicado a Santa María y otro a
San Jorge que funcionaban ya en 1346, para uno de
los cuales parece haber pintado un retablo Andrés
de Segura que murió en 1507 sin haber nalizado la
obra (Herrera, 1987, 65).
Aunque parece que desde nes del siglo XIV
empieza a apreciarse cierta crisis demográca, es
indiscutible que Tejada estaba poblada a principios
del siglo XV. Así, ésta se incluye entre los 23 arci-
prestazgos que había a principios del siglo XV en
el arzobispado de Sevilla, según queda recogido en
el Libro Blanco redactado en 1411 por el prior y
racionero Diego Martínez, en el que se describe la
organización eclesiástica hispalense (Ladero Quesa-
da, 1976/1980).
A mediados del siglo su población era de 20 ve-
cinos; así lo hacía constar al menos un vecino de la
villa en un pleito de 1502 en el que actuaba como
testigo (Archivo Municipal de Sevilla. Sec. 1ª, Cap,
77, nº 162). En los primeros 50 años del siglo Teja-
da, al igual que otros lugares del Aljarafe, fue objeto
de la concesión de 20 años de franquicia de “pe-
chos, tributos e pedidoscuya nalidad era, no
ya aumentar una “población disminuida, sino
detener la despoblación inminente de una villa
que determinadas circunstancias la vienen con-
virtiendo en despoblado” (Borrero, 1983, 146). Sin
embargo, aún no se nombraba ninguna causa de la
paulatina desaparición por parte del concejo de Te-
jada, que tan sólo armaba “...no avía quien qui-
siese en él (lugar) vivir ni morar.” (A.M.S. Act.
Cap., 1455-XII-1).
Aunque su importancia scal en las tierras del
alfoz sevillano era estable a comienzos del siglo XV
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se estancanalmente en relación con otros espa-
cios del área onubense, como la Sierra (Collantes de
Terán, 1998), y a pesar de la disminución constante
de población, Tejada seguía manteniendo su estruc-
tura de concejo, con funcionarios propios durante
la segunda mitad del siglo. Pero en 1491 una pe-
tición de este concejo expone el problema de falta
de población hasta el punto de que existían casas
vacías en la villa, que nadie quería arrendar para
avecindarse en ella. (A.M.S. Act. Cap. 1517-IX-30).
De este modo la despoblación era ya un hecho en
1501, al no encontrarse en la documentación más
que un vecino con casa poblada llamado Cristóbal
de Tejada36. A pesar de ello la cción jurídica de
Tejada como villa aún continuaría algún tiempo.
En 1517 se produjo un nuevo intento de revitaliza-
ción al ordenar Sevilla un cambio de emplazamien-
to que se localiza en la ermita de Santa Ana, lugar
“sano” que mantendría a la población (A.M.S. Act.
Cap. 1517-IX-30). Es en esta frase donde estaría la
clave para explicar el cambio de ubicación de los ha-
bitantes de Tejada: las condiciones de insalubridad
que presentaba la zona, transmitida también por
algunos cronistas como Juan de Mal-lara que seña-
laba a Tejada como un lugar despoblado a causa de
un estancamiento de aguas malas que hacía de ella
“..muy doliente sitio”. Similar consideración en-
contramos en otros cronistas como Ortiz de Zúñiga
que habla de la baja situación de Tejada sujeta a las
inundaciones del Guadiamar –esto es un error–, al
que llama “arroyo que suele tomar soberbia de
río”, inundaciones que la hicieron al n “húmeda y
malsana” quedando sólo en su época, segunda mitad
del siglo XVII, algunas ruinas de sus muros.
Estas descripciones no sólo conrman la sos-
pecha anterior, sino que hacen suponer que los in-
tentos de repoblación de 1517 no tuvieron mucho
éxito, así desde 1518 no se encuentra en ninguna do-
36 Para la primera mitad del siglo XV no se conservan
padrones para Tejada. Una relación de hombres de armas
de 1405 informa de que tanto este lugar como la aldea de
Benaque, situada en término de Manzanilla, tenían pobla-
ción, debiendo aportar esta última 2 hombres –un balles-
tero y un lanceromientras que Tejada debía aportar 5 –un
caballero y 4 peones-. En función de estos datos hay que
pensar que su población sería muy escasa en función de la
proporcionalidad que debía regir estos aportes, y que podría
situarse entre los 20 o 30 vecinos (Borrero, 1983, 152). Ello
parece corroborarse a través de la información obtenida de
un pleito llevado a cabo en 1502, donde un testigo armaba
que a mediados del siglo XV habría en Tejada unos 20 vecinos
(Archivo Municipal de Sevilla Secc. 1ª, Carp. 77, núm 162).
cumentación (Borrero, 1983, 184), de manera que
en el censo de 1534 ya no aparece Tejada entre los
pueblos del reino de Sevilla, siendo este despoblado
uno de los más signicativos de la tierra llana onu-
bense durante la edad moderna (Collantes de Terán,
1986, 51-52).
Este despoblamiento se evidencia en el propio
desmantelamiento de las estructuras constructivas
del sitio (Fig. 8), que según noticias aportadas por
L. Torres Balbás (1957, 162) fueron destruidas, caso
de las iglesias o los lienzos de las murallas que lle-
garon a ser dinamitadas, para utilizar sus materia-
les en la construcción de la carretera de Escacena a
Aznalcóllar.
Sobre sus causas, parece que la insalubridad ya
apuntada por las crónicas del siglo XVI, debió ser
fundamental, pero también podrían considerarse
otras de carácter estratégico, derivadas del traslado
de las principales vías de comunicación hacia el sur,
que dejaron al lugar fuera de los principales circui-
tos comerciales a partir de la Edad Moderna (He-
rrera García, 1987). En este sentido, la pérdida de
la función defensiva de Tejada tras la conquista y la
repoblación cristianas, unida a los nuevos intereses
económicos señoriales volcados al comercio vitivi-
nícola con destino en el puerto de Sevilla, dejaron
a este lugar en un segundo plano frente a otros cir-
cundantes, caso de Escacena, Paterna o Chucena
(Borrero Fernández, 1983; 1986), libres además del
condicionamiento de insalubridad que aquejaba a
aquélla. Así, en los documentos referentes a Tejada
entre los siglos XVI y XVIII, así como en la car-
tografía, va a dejar de nombrarse progresivamente
a Tejada como ciudad o población para referirse
exclusivamente como Campo de Tejada, circuns-
cripción incluida dentro de la “tierra de Sevilla“,
Figura 8. Vista aérea del circuito amurallado de Tejada,
(https://www.ataral.es/inventario.php?id=recinto-amu-
rallado-tejada-la-nueva)
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en la que el concejo sevillano poseía unos “propios
con unas rentas considerables”37. De ello deriva que
los benecios de huertas y ncas de Tejada a par-
tir del siglo XVI ya no recaían en los habitantes
de Tejada, cada vez menos numerosos, sino que se
dispersaban en los vecinos de las villas próximas,
que se poblaron con la ruina de Tejada y se repar-
tieron en sus respectivos términos concejiles la ex-
tensión de aquel campo, con sus huertas, tierras de
pan, viñas, olivares y tierras de pastoreo y caza. De
hecho, es sintomático que para la elaboración del
Diccionario Geográco de España de Tomás Ló-
pez, las respuestas sobre Tejada fueran enviadas en
1795 por el párroco de Paterna, don Juan Aureoles
y Galván (Ruiz González, 1999), quien además de
las oportunas consideraciones sobre la explotación
de las huertas de Tejada, ya mencionaba la exis-
tencia de objetos que pertenecieron a la iglesia de
Tejada y que se conservaban en ese momento en la
de Paterna.
En la actualidad el enclave se encuentra en un
espacio de uso agrícola, básicamente de cultivos de
secano, según consta en las determinaciones del
PGOU de Paterna del Campo38, así como en las de
Escacena del Campo39, a lo que se une en menor me-
dida un uso residencial e industrial, que se extiende
fuera de la cerca amurallada y sobre la que deberían
plantearse acciones inmediatas de intervención tan-
to para su conocimiento detallado, como para su
conservación, al hilo de las que, por ejemplo, se vie-
nen realizando en el marco del Plan Andaluz de Ar-
quitectura Defensiva de Andalucía (PADA40). Para
el caso onubense (Fondevilla Aparicio, 2022) este
plan se ha centrado prioritariamente en el conjunto
de fortalezas del norte de la provincia, y especial-
37 En 1565 Felipe II efectuó la venta de Escacena y
el Campo de Tejada a favor de don Francisco de Guz-
mán, pero ante la oposición del concejo de Sevilla, hubo
de ser anulada y retrotraerse a la propia ciudad, que
tuvo que abonar al afectado los 10.000 ducados adelan-
tados para dicha compra y al rey el importe capitali-
zado de sus alcabalas, para que éstas pudiesen quedar
dentro de los propios de la misma Sevilla (Herrera Gar-
cía, 1987, 68).
38 https://www.paternadelcampo.es/es/gobierno-
abierto/portal-transparencia/resultados-de-transparencia/
PGOU-PROVISIONAL/
39 https://www.escacenadelcampo.es/es/gobierno-
abierto/portal-transparencia/resultados-de-transparencia/
Esta-publicado-el-Plan-General-de-Ordenacion-Urbana-
PGOU-y-los-mapas-y-planos-que-lo-detallan.-00046/
40 https://www.juntadeandalucia.es/export/drupaljda/
PADA_Lineas_generales.PDF
mente en la conocida como Banda Gallega (Rome-
ro Bomba et alii, 2012; Romero y Rivera, 2013)
donde destacan los castillos urbanos de Almonaster
la Real, Aracena, Aroche, Cala, Cumbres Mayores,
Cumbres de San Bartolomé, Cortegana, Encinasola,
Santa Olalla del Cala y Zufre, y el castillo de Torres,
en el término municipal de Cumbres de San Bar-
tolomé (Rivera Jiménez, 2022). A estos se unen,
en la Tierra Llana, el castillo y murallas de Gibra-
león (Fondevilla Aparicio, 2012; Osuna Vargas et
alii, 2013), y el castillo de San Marcos de Sanlúcar
de Guadiana (Linares Catela, 2012; 2013; Duclos
Bautista, 2014; Haro y Lobo, 2015; Haro Ordóñez,
et alii, 2021). Respecto del recinto amurallado de
Niebla, se han realizado obras de restauración en la
Barbacana, la Puerta del Agua, la Puerta del Buey
y lienzos adyacentes dentro del Programa Fortours
II41, además del Patio de Armas del Alcázar42 cuya
41 https://www.juntadeandalucia.es/sites/default/les/
inline-les/2023/08/230417%20Niebla_Puerta%20Agua-
Buey.pdf
42 https://www.huelvainformacion.es/provincia/Lici-
tan-Patio-Armas-Castillo-Niebla_0_1797720725.html
Figura 9. Detalle de la estructura del circuito amuralla-
do afectado por la vegetación (Vrbanitas. Arqueología y
Patrimonio).
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nalización se ha producido hace escasas semanas43.
Pero hasta el momento y desde el inicio del plan en
2007 no nos consta ninguna acción encaminada a
frenar el deterioro del circuito amurallado itucita-
no que cada vez resulta más evidente tanto en las
torres como en los lienzos que se circundan al tell
elevado donde se desarrolló el asentamiento (Fig.
9). Esperemos que más pronto que tarde se revierta
esta situación y se evite la desaparición de un testi-
go insustituible del devenir histórico de la campiña
oriental onubense.
financiación dE la invEstigación
Esta investigación no ha contado con nancia-
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